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Iniciativa Seamos Seguidores



Iniciativa Seamos Seguidores.


Interesante idea que he encontrado en el blog de Carmen en su Tinta, blog que sigo desde hace poquito.

Consiste en que los blogueros que visitéis esta página dejéis vuestro link en el apartado de Comentarios de mi Blog para que yo pueda seguiros y viceversa. De ese modos estaremos al día de los blogs que nos interesan y podremos dar alas a nuestros posts.  

Podéis llevar la imagen a una entrada de vuestro blog para que otros bloggers OS sigan y vosotros podáis también seguir a los que OS dejen un comentario con su link.

También en esto de los blogs la unión hace la fuerza. Genial. 


Seamos seguidores.




Comentarios

  1. Hola Isabel, estoy visitando tu blog para seguirte, pero no veo el gadget para participar en él. Ya me dices... Me encantaría seguirte y participar, además creo que eres de Águilas, yo vivo en Granada pero tengo una casa allí y nos gusta mucho sus playas. Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Hola Carmen. ¿Puedes creerte que no tengo ni idea de dónde tienes que darle? Con lo bien que lo tienes en el tuyo... Sigo investigando.
      Encantada de que te guste mi paraíso... Bss

      Eliminar
  2. Hola! ya te sigo, tu blog está muy lindo.
    El mio es merodeadordelibros.blogspot.com.
    Beso

    ResponderEliminar
  3. Hola!
    Yo también participo en la iniciativa Seamos Seguidores,ya te sigo.
    Te espero en mi blog.
    http://aprovechalavidacadadiaa.blogspot.com.es
    Mi twitter: @AproLaVidaCaDia
    Nos leemos!

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Mi Payaya.

Artículo publicado en el "Libro de Verano de Águilas 2018".
Dedicado a mi abuela.



La pequeña tienda que regentaba estaba situada a escasos pasos de la Playa de Poniente, junto a La Posada, frente a la Plaza de Abastos del bonito y modesto pueblo de Águilas. Su especialidad, cariño y pasión en lo que hacía y, su plato fuerte de cada día, trabajo y más trabajo. En la puerta del establecimiento no había ningún cartel que anunciara su nombre o lo que se vendía, pero todo el mundo en Águilas sabía que allí se podía comprar comida y que la que había detrás de aquel mostrador metálico que brillaba cada mañana al reflejar el intenso sol que reinaba en el cielo de aquel rincón del Mediterráneo, era Apolonia, la mujer de Juan Pérez Sánchez, el mecánico que tenía su taller unas calles más abajo, en la Plaza Granero.
Ella, la tendera, era pequeña, como una muñeca de porcelana. Su cuerpo era delgado, su sonrisa, eterna y sincera, y su mirada, limpia y amable, te devolvía un reflejo grisáce…

Sin título (I).

No sabía qué hacer… Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita, le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera. Se había complicado todo del modo más absurdo… Lentamente, las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente. Entendía el enfado de ella, entendía que no quisiera volver a hablar con él y menos aún verle… Y tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron, fue él.
“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”. Punto.
“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se decía sin saber cómo arreglarlo. Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer …

Sucedió al amanecer...

Desde un banco situado a escasos metros del lugar por el que ella pasaba, un hombre fumaba un cigarrillo, mientras pensaba enlo guapa que estaba esa mañana. El repiqueteo de sus tacones retumbaba en las paredes de la estrecha callejuela que cada mañana recorría de camino al trabajo, mientras pensaba en sus cosas. Ella siempre bromeaba diciendo que tenía un mundo interior muy extenso y entretenido y algo le indicaba que, posiblemente, era cierto. Sabía que no había ni un solo momento del día en el que no tuviera algo rondándole por la cabeza. Aún no la conocía del todo, pero estaba seguro de que dentro de ese cuerpo había aún muchas cosas por descubrir, la mayoría de ellas, muy del gusto de él. Por lo que de ella sabía, era capaz de estar totalmente concentrada en lo que hacía, al tiempo que una idea tras otra, un pensamiento tras otro, se iban sucediendo en esa cabeza que no paraba.
La mujer caminaba con la tranquilidad que le daba el no saberse observada. Su paso, tranquilo, dejaba v…