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El libro de los lunes 7: "Diario de invierno" (Paul Auster).

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Hoy os presento a otro de mis autores favoritos, esta vez americano: Paul Auster.

Nacido en Newark (Nueva Jersey) en el seno de una familia judía de clase media, su contacto con los libros empezó siendo aún muy joven, de hecho comenzó a escribir a los 12 años, antes incluso de descubrir el béisbol, que suele aparecer como temática en sus novelas. 

Estudió literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia (Nueva York). Como parte de su trabajo, viajó a París, ciudad a la que regresó en 1967 para evitar ir a la Guerra de Vietnam. Durante esos año escribió algunos guiones para películas mudas que nunca se rodaron, pero que fueron plasmados posteriormente en El libro de las ilusiones y tradujo poesía francesa, atreviéndose incluso a escribir sus propios versos.


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Paul Auster es, por excelencia, el escritor del azar. No cree en la causalidad, persigue en lo cotidiano las bifurcaciones surgidas por errores o acontecimientos aparentemente anodinos. Esto sucede en La trilogía de Nueva York, en La música del azar, y sobre todo en Leviatán, en su excepcional escena central. 

Su estilo es aparentemente sencillo gracias a su trabajo y conocimiento de la poesía, pero esconde en toda su obra una compleja arquitectura narrativa. También describe en sus obras, desde su propia experiencia, la pérdida, la desposesión, el apego al dinero, el vagabundeo, la enfermedad, el mimo en la descripción de los objetos de papelería,...

Posiblemente, su Diario de invierno, novela autobiográfica que os recomiendo hoy, no sea su obra más memorable o más recomendable (como pueda serlo su Lebiatán, Viajes por el Scriptorium o Brooklyn Follies, mi favorita de entre todas ellas), pero es, ciertamente, un extraordinario paseo por la vida de este carismático escritor, hasta el punto de preguntarnos si algunos de los episodios narrados serán o no ciertos. En Diario de invierno, Auster vuelve la mirada sobre sí mismo y parte de la llegada de las primeras señales de la vejez para rememorar episodios de su vida. Y así, se suceden las historias: un accidente infantil mientras jugaba al béisbol, el descubrimiento del sexo, las masturbaciones adolescentes y la primera experiencia sexual con una prostituta, la rememoración de sus padres, un accidente de coche en el que su mujer resulta herida, una presentación en Arles acompañado por su admirado Jean-Louis Trintignant, la estancia en París, una larga lista comentada de las 21 habitaciones en las que ha vivido a lo largo de su vida hasta llegar a su actual residencia en Park Slope, sus ataques de pánico, los viajes, los paseos, la presencia de la nieve, el paso y la herida del tiempo... En definitiva, un magistral autorretrato. 

Ya me contaréis qué os parece.

Bss.








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