Ir al contenido principal

¿Y mi libertad de expresión??

Dedicado a mis amigos catalanes, que son buenos amigos, buenos catalanes y buenos españoles.
Mucho hemos hablado, leído, compartido, discutido,... estos días de la tremenda pitada al Himno de España, a nuestra bandera y a nuestro Rey en la final de la Copa del Rey en el Campo Nou la pasada semana. Sin ánimo de entrar en polémica, que es algo que no me gusta, voy a atreverme a dejar aquí escrita mi opinión.
Entiendo que no todos sentimos los colores del mismo modo, ni a todos nos gusta el Rey (a mí sí), ni a todos se nos pone la piel de gallina al oír el Himno de España (a mí también). Vale. Hasta ahí entendido. Y, siempre, respetado.
Sigo. Oigo sin parar en boca de futbolistas, periodistas, tertulianos, amigos,... que para algo está la libertad de expresión, que es derecho de todos expresarse a favor o en contra de algo como los símbolos nacionales, que si hubo pitada al Himno en una competición española oficial llamada, para mas INRI, "Copa del Rey", pues no pasa nada. Como fue en un partido de fútbol de primera división y jugaban dos grandes clubes de nuestro país y no van a sancionar a los grandes, pues tampoco pasa nada.
Vale. Y yo, entonces, me pregunto: Si yo hubiera estado ese día en el Camp Nou, ¿no hubiera tenido derecho a oír el Himno de mi país, que me encanta? Es decir, ¿mi libertad de expresión no vale para nada, solo vale la de los otros? ¿Mi derecho empieza cuando acaba el de los demás o todos los derechos de todos los españoles van juntos? Digo yo que, ese día, habría allí bastantes catalanes que también se sienten españoles como los que más que, quizá, hubieran deseado disfrutar de ese momento previo al partido si les hubieran dejado.
Porque lo malo que está teniendo este tema, además de tener que oír y leer muchas tonterías, es que estamos metiendo a todos en el mismo saco y eso no debería ser así. Hay seguidores del Barsa y del A. Bilbao en muchos sitios de España, y hay, en Cataluña y en el País Vasco, muchos ciudadanos que se sienten españoles, muchos muchos. Y que respetan los símbolos de nuestro país, también muchos.
En el tema de la sanción, bueno, sinceramente creo que sí debería haber una sanción. No todo debe valer y, por desgracia, estoy harta de ver que todo vale sin que haya consecuencias para casi nadie. No me parece justo. Creo que dejar pasar esto como si nada hubiera ocurrido sería un mal ejemplo y una gran falta de respeto hacia los que intentamos, cada día, ser buenos ciudadanos, ser respetuosos; hacia los que cada día intentamos enseñar a nuestros hijos lo que significa la libertad de expresión (sin pisar la libertad del de al lado), la democracia, el respeto a nuestros símbolos y a nuestro país. El país en el que hemos nacido, en el que vivimos.
Como OS he dicho al principio, no persigo ningún debate con este tema tan delicado, ni faltar al respeto a nadie que lea este post y opine de manera diferente a mí. Nada más lejos de mi intención. Y si alguien se siente ofendido al leerlo, espero que me disculpe por atreverme a escribir sobre este episodio que, sin duda, pasará a la Historia de las competiciones deportivas de España.
Bss.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sin título (I).

No sabía qué hacer… Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita, le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera. Se había complicado todo del modo más absurdo… Lentamente, las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente. Entendía el enfado de ella, entendía que no quisiera volver a hablar con él y menos aún verle… Y tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron, fue él.
“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”. Punto.
“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se decía sin saber cómo arreglarlo. Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer …

Sucedió al amanecer...

Desde un banco situado a escasos metros del lugar por el que ella pasaba, un hombre fumaba un cigarrillo, mientras pensaba enlo guapa que estaba esa mañana. El repiqueteo de sus tacones retumbaba en las paredes de la estrecha callejuela que cada mañana recorría de camino al trabajo, mientras pensaba en sus cosas. Ella siempre bromeaba diciendo que tenía un mundo interior muy extenso y entretenido y algo le indicaba que, posiblemente, era cierto. Sabía que no había ni un solo momento del día en el que no tuviera algo rondándole por la cabeza. Aún no la conocía del todo, pero estaba seguro de que dentro de ese cuerpo había aún muchas cosas por descubrir, la mayoría de ellas, muy del gusto de él. Por lo que de ella sabía, era capaz de estar totalmente concentrada en lo que hacía, al tiempo que una idea tras otra, un pensamiento tras otro, se iban sucediendo en esa cabeza que no paraba.
La mujer caminaba con la tranquilidad que le daba el no saberse observada. Su paso, tranquilo, dejaba v…

La puerta azul.

La puerta azul, por Isabel María Pérez Salas. No sabía cuánto tiempo llevaba parada delante de la puerta azul. Traspasar ese umbral significaba mirar de frente el pasado y no estaba segura de querer hacerlo. Al igual que la pintura de la ajada puerta de entrada a la casa que en algún momento ella llamó hogar, sus recuerdos se habían resquebrajado con el paso de los años hasta convertirse en un mosaico abstracto en el que todo se amontonaba sin ningún orden aparente. Hacía doce años que no visitaba esa casa, que no cruzaba ese portal. Hacía doce años que ese cálido sol que se reflejaba en las ventanas no calentaba su rostro ni arrancaba destellos dorados de sus ojos color miel. Hacía doce años que abandonó a su madre, aquella a la que esa misma mañana había dejado bajo tierra, enterrada en el panteón familiar, bajo una losa de mármol, y a la que no había vuelto a ver en vida. Y ahora estaba allí. “Debo entrar”, se dijo, “en algún momento tendré que hacerlo. Venga”. Pero su cerebro no era cap…