Ir al contenido principal

Canciones para Águilas: Himno de Águilas, paraíso del Mediterráneo.

Himno de Águilas, "Águilas, paraíso del Mediterráneo"
Fotografías: Miguel Ángel Lillo
https://www.facebook.com/miguelangellillofotografia/
Intérprete: Juan José Berenguer acompañado de la excelente Banda de Música del Patronato Musical Aguileño.
https://vimeo.com/62389307

Cuando arribo por la costa
y veo tu inmenso mar,
te retengo en mis pupilas
por toda una eternidad.


Eres orgullo de España,
eres bella y señorial,
y mi garganta te canta
por ser la novia del mar.

Águilas, paraíso de luz y alegría.
Águilas, tierra tostada de Sol.
Tus mujeres y tus playas
son la bendición de Dios.



Águilas, paraíso de luz y alegría.
Águilas, tierra tostada de Sol.
Tus mujeres y tus playas
son la bendición de Dios.

Pisando arena caliente,
brisas de la juventud.
Eres morena y valiente.
Eres lo que sabes tú.

Mujer que en sus aguas te bañas,
y te acaricia ese mar,
¡quién fuera agua salada
y poderte acariciar!

Águilas, paraíso de luz y alegría.
Águilas, tierra tostada de Sol.
Tus mujeres y tus playas
son la bendición de Dios.



Águilas, paraíso de luz y alegría.
Águilas, tierra tostada de Sol.
Tus mujeres y tus playas
son la bendición de Dios.

¡Son la bendición de Dios!





Comentarios

Entradas populares de este blog

Sin título (I).

No sabía qué hacer… Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita, le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera. Se había complicado todo del modo más absurdo… Lentamente, las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente. Entendía el enfado de ella, entendía que no quisiera volver a hablar con él y menos aún verle… Y tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron, fue él.
“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”. Punto.
“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se decía sin saber cómo arreglarlo. Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer …

Sucedió al amanecer...

Desde un banco situado a escasos metros del lugar por el que ella pasaba, un hombre fumaba un cigarrillo, mientras pensaba enlo guapa que estaba esa mañana. El repiqueteo de sus tacones retumbaba en las paredes de la estrecha callejuela que cada mañana recorría de camino al trabajo, mientras pensaba en sus cosas. Ella siempre bromeaba diciendo que tenía un mundo interior muy extenso y entretenido y algo le indicaba que, posiblemente, era cierto. Sabía que no había ni un solo momento del día en el que no tuviera algo rondándole por la cabeza. Aún no la conocía del todo, pero estaba seguro de que dentro de ese cuerpo había aún muchas cosas por descubrir, la mayoría de ellas, muy del gusto de él. Por lo que de ella sabía, era capaz de estar totalmente concentrada en lo que hacía, al tiempo que una idea tras otra, un pensamiento tras otro, se iban sucediendo en esa cabeza que no paraba.
La mujer caminaba con la tranquilidad que le daba el no saberse observada. Su paso, tranquilo, dejaba v…

La puerta azul.

La puerta azul, por Isabel María Pérez Salas. No sabía cuánto tiempo llevaba parada delante de la puerta azul. Traspasar ese umbral significaba mirar de frente el pasado y no estaba segura de querer hacerlo. Al igual que la pintura de la ajada puerta de entrada a la casa que en algún momento ella llamó hogar, sus recuerdos se habían resquebrajado con el paso de los años hasta convertirse en un mosaico abstracto en el que todo se amontonaba sin ningún orden aparente. Hacía doce años que no visitaba esa casa, que no cruzaba ese portal. Hacía doce años que ese cálido sol que se reflejaba en las ventanas no calentaba su rostro ni arrancaba destellos dorados de sus ojos color miel. Hacía doce años que abandonó a su madre, aquella a la que esa misma mañana había dejado bajo tierra, enterrada en el panteón familiar, bajo una losa de mármol, y a la que no había vuelto a ver en vida. Y ahora estaba allí. “Debo entrar”, se dijo, “en algún momento tendré que hacerlo. Venga”. Pero su cerebro no era cap…