Ir al contenido principal

Una carta de amor, XX Concurso de Cartas de San Juan del Puerto (Huelva).

Carta participante en el XX Concurso de Cartas,
San Juan del Puerto
(Huelva)


Querido Amor,

Despierto cada día con la esperanza de que al abrir esa puerta aparecerás hermoso, sonriente; de que me cogerás en tus brazos mientras me besas, esos brazos que eran mi casa, mi hogar, y me dirás un “te quiero” susurrante que hará que mi cuerpo se desvanezca en ellos de pura emoción.

Cierro los ojos y te veo, real, cercano. Me escuchas, me sonríes, pero no dices nada. Tus labios permanecen inertes; tus ojos, fijos en mí, me dicen que no querías marcharte sin mí, que tu amor por mí era real, cierto, eterno.

Ayer, loca por verte, preparé la cena para los dos. Puse un mantel blanco y, sobre él, dos copas, cubiertos y platos… Encendí aquella bonita vela que me regalaste por mi cumpleaños para celebrar que volvías. Era perfecto, mágico, el preludio de una hermosa noche de amor en la que el gozo sería la música que llenaría nuestro hogar; únicamente faltabas tú. Ansiosa, esperaba escuchar tus pasos para salir a recibirte. Pero no entraste, no abriste esa puerta que separa el mundo real de nuestro paraíso de amor. Horas después, adormecida, miré la llama de esa vela agonizante que casi moría sobre la mesa y me di cuenta de que nunca volverías, de que me has dejado aquí, sola, cuando me habías prometido que siempre estaríamos juntos.

¿Dónde fuiste, amor mío? ¿Adónde has ido sin mí? Si supieras que no puedo vivir sin ti, que dejaría de respirar sólo por poder volver junto a ti...

Recuerdo ahora, en mi lúcida soledad, cómo se me clavaban en el alma esos ojos tristes, ojerosos, cada uno de los días en los que, en espera de alguna buena noticia, se derrumbaba tu esperanza... El mundo se nos volvía poco a poco un lugar sombrío y, aún así, te agarrabas a él con la fuerza del que no quiere caer en un abismo eterno; te agarrabas a él con la certeza del que no quiere perder lo que aquí tiene. Si supieras, amor mío, lo importante que era para mí verte sonreír, la fuerza que me hacías sentir, el amor que se reflejaba en esos ojos profundos como el mar cada vez que me mirabas. Cada segundo deseaba pasarlo a tu lado; deseaba tomar tus manos entre las mías y nunca, jamás, soltarlas. Mi piel se encendía con sólo mirarte, igual que cuando éramos jóvenes y cortejábamos a luz de la farola que, solitaria, alumbraba nuestro puerto, allá, a orillas del mar. Fue entonces cuando decidí, bajo las estrellas que aquella noche se asomaron a ver el comienzo de la historia de amor más bella jamás contada, que pasaría el resto de mi vida junto a ti, sin pensar que el destino jugaría con la ilusión que ese día nació  en nuestro interior y que nunca jamás murió.

He vuelto a soñar contigo esta noche. Paseábamos nuestro amor mientras nuestros dedos se entrelazaban y el roce de nuestra de piel despertaba el deseo urgente de calmar la sed de pasión que ambos sentíamos. Nos mirábamos, nos abrazábamos, nos prometíamos una vida juntos. Entonces desperté, sola, herida en lo más profundo de mi ser.

Lloré, sí, lloré sin poder contenerme. Lloré por ti, por mí, por esa vida frustrada que ahora sería mi existencia sin ti. Lloré por esas eternas madrugadas en las que nos susurrábamos tiernas palabras de amor y que nunca volverán. Eran lágrimas un de amor amargo; lágrimas de dolor, pena y rabia al saber que vuelves a ser uno en lugar de dos; al saber que la promesa que un día nos hicimos llegó a su fin. Eran las lágrimas que desata la soledad cuando el amor de tu vida se ha ido para siempre. Eran mis lágrimas de amor por ti.

Cierro los ojos y te veo, tranquilo, sereno. Tus labios dibujan una sonrisa con la promesa de que nunca estaré sola.

Cierro los ojos y te amo.

Por siempre, para siempre.        

  




Comentarios

  1. Una carta llena de amor y de desamor, Preciosa, un poco larga , me gustó, Un
    abrazo

    ResponderEliminar
  2. Esta carta está escrita a un amor más allá de la muerte, cierto, eterno... Un amor para siempre...

    ResponderEliminar
  3. ¡Muy hermosa! Expresa un gran amor perdido,pero se recrea en sus recuerdos...

    ResponderEliminar
  4. ¡Muy hermosa! Expresa un perdido e inmenso amor que recrea su recuerdo.

    ResponderEliminar
  5. Muy hermosa. Expresa el dolor por un amor perdido pero no olvidado.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Mi Payaya.

Artículo publicado en el "Libro de Verano de Águilas 2018".
Dedicado a mi abuela.



La pequeña tienda que regentaba estaba situada a escasos pasos de la Playa de Poniente, junto a La Posada, frente a la Plaza de Abastos del bonito y modesto pueblo de Águilas. Su especialidad, cariño y pasión en lo que hacía y, su plato fuerte de cada día, trabajo y más trabajo. En la puerta del establecimiento no había ningún cartel que anunciara su nombre o lo que se vendía, pero todo el mundo en Águilas sabía que allí se podía comprar comida y que la que había detrás de aquel mostrador metálico que brillaba cada mañana al reflejar el intenso sol que reinaba en el cielo de aquel rincón del Mediterráneo, era Apolonia, la mujer de Juan Pérez Sánchez, el mecánico que tenía su taller unas calles más abajo, en la Plaza Granero.
Ella, la tendera, era pequeña, como una muñeca de porcelana. Su cuerpo era delgado, su sonrisa, eterna y sincera, y su mirada, limpia y amable, te devolvía un reflejo grisáce…

Sin título (I).

No sabía qué hacer… Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita, le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera. Se había complicado todo del modo más absurdo… Lentamente, las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente. Entendía el enfado de ella, entendía que no quisiera volver a hablar con él y menos aún verle… Y tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron, fue él.
“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”. Punto.
“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se decía sin saber cómo arreglarlo. Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer …

Sucedió al amanecer...

Desde un banco situado a escasos metros del lugar por el que ella pasaba, un hombre fumaba un cigarrillo, mientras pensaba enlo guapa que estaba esa mañana. El repiqueteo de sus tacones retumbaba en las paredes de la estrecha callejuela que cada mañana recorría de camino al trabajo, mientras pensaba en sus cosas. Ella siempre bromeaba diciendo que tenía un mundo interior muy extenso y entretenido y algo le indicaba que, posiblemente, era cierto. Sabía que no había ni un solo momento del día en el que no tuviera algo rondándole por la cabeza. Aún no la conocía del todo, pero estaba seguro de que dentro de ese cuerpo había aún muchas cosas por descubrir, la mayoría de ellas, muy del gusto de él. Por lo que de ella sabía, era capaz de estar totalmente concentrada en lo que hacía, al tiempo que una idea tras otra, un pensamiento tras otro, se iban sucediendo en esa cabeza que no paraba.
La mujer caminaba con la tranquilidad que le daba el no saberse observada. Su paso, tranquilo, dejaba v…