sábado, 10 de septiembre de 2016

Dos desconocidos, El Poder de las Letras.


Dos desconocidos.

Una taza de café reposa humeante sobre una pequeña mesa situada junto a una ventana. La mesa, una de esas viejas mesitas de sobremesa redondas, necesita, sin duda, que alguien le pase un paño y retire de ella los restos de ceniza que se han ido acumulando al caerse del cenicero de cristal que comparte el reducido espacio con la humeante taza de café. Pero él no parece darse cuenta de ello. Permanece sentado en la butaca color chocolate que hay junto a la mesa, desde hace horas, sin moverse, quieto, como si el fin del mundo dependiera de ese movimiento que retrasa; solamente se ha levantado una vez para prepararse el café. Viéndolo desde fuera (su imagen se cuela sin compasión a través de la ventana que hay situada frente a él), diría que hoy ha tenido un mal día. Su rostro, impasible, deja asomar, sin embargo, un rastro melancólico de dolor y sueños rotos; su mirada, cristalina, se ha tornado dura y gris, triste; sus ojos pasean despacio por un infinito que parece alejarse de él desgarrando su ser...Pincha aquí y continúa leyendo



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