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Las ocasiones perdidas.

Cuentan que un sabio, en su lecho de muerte, al ser preguntado por sus alumnos cuál había sido lo más difícil que había hecho en su vida, les respondió: "Hacer lo correcto, eso ha sido lo que más difícil me resultó siempre. Aunque, ahora que mis días se acaban y mi vida se apaga, no estoy seguro de si lo correcto fue lo que hice o lo que dejé escapar. Y sabed, queridos alumnos, que lo que dejamos pasar nunca jamás volverá".  

Y es bien cierto, porque ¿cuántas veces nos hemos dicho ante una situación que se nos escapa, “bueno, ya se presentará otra”? Muchas, ¿verdad?

Lo malo de esta afirmación es que al hacérnosla a nosotros mismos para consolarnos ante algo que se nos ha escapado, o que hemos dejado pasar, es que estamos absolutamente equivocados. No hay nada que se repita bajo las mismas circunstancias dos veces. Se pueden producir situaciones similares, puedes pensar que esta situación se parece en algo a alguna anterior, puedes consolarte pensando que la próxima vez sí que lo harás, pero nunca, jamás, será igual al cien por cien a aquélla por la que suspiras. Los sentimientos que se cruzaron en la decisión que tomaste hace un tiempo pueden permanecer ahí, aletargados, a la espera de poder salir; los recuerdos pueden hacernos retroceder a un momento determinado al que hemos rogado mil veces volver, a ese déjà vu  que tanto hemos deseado, pero una ocasión perdida es, ni más ni menos que eso, una ocasión perdida. Tal cual. No vuelve, no se repite, nunca será igual. Y siempre te atormentará el no haberla aprovechado, si era algo que deseabas de verdad.

La mayoría de las ocasiones en las que dejamos pasar algo que nos importa, hay siempre una lucha de sentimientos reprimidos, estoy convencida de ello totalmente. Nos encontramos a menudo con el “esto está bien”, o “esto está mal”, motivo principal de la pérdida de ocasiones de las que os hablo.  En realidad, nuestra vida se rige principalmente por estas premisas que hemos ido adquiriendo a lo largo de ella sin pararnos a pensar que, quizá, no todo tiene que ser juzgado bajo el prisma de la corrección, sino que hay veces que el dejarse llevar puede aportar a nuestra vida algo de chispa y ser más felices sin perjudicar a nadie. Lo que para mí puede suponer un motivo o momento feliz, una experiencia que no quiero dejar pasar, no tiene porqué parecerle bien a otra persona y, en consecuencia, lo que para mí puede ser una ocasión perdida que quiero vivir y disfrutar en algún momento de mi vida, aunque sea algo políticamente incorrecto, a un tercero puede parecerle lo peor de lo peor. Pero, ¿no creéis que es una pena morir con las ganas de haber hecho algo, de no haber vivido todo lo que habéis querido, de no haber hecho realidad ese deseo, ese anhelo? ¿No creéis que no deberíamos dejar morir esas ocasiones perdidas, sino buscarlas, recuperarlas y vivirlas?

Porque, como dice Sabina, “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Y qué razón tiene…

Bss.

 

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