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Mostrando entradas de marzo, 2017

Sin más...

Recorría un escalofrío tu espalda mientras recordabas ese último día, el último momento en el que tus ojos y mis ojos se cruzaron. Los míos sangrantes, los tuyos decididos, esbozando un adiós eterno en el que no había cabida para el reencuentro. Te permitiste entonces imaginar un mundo en el que fuera posible estar juntos y, durante un segundo, sonreíste. Al abrir los ojos, de nuevo encontraste una habitación vacía en la que la soledad y la nada convivían con tu permiso, una habitación en la que los ecos de mi risa chocaban contra tus oídos que, angustiados, se esforzaban en no oírla y el aroma de mi cuerpo inundaba tus sentidos que, embravecidos, luchaban por desterrar del tuyo.
Y te quedaste allí, sentado, sin moverte.
Sin más...
No hiciste nada, no luchaste por nada, no intentaste cambiar nada.
Tu corazón te hablaba a ritmo de tambor, insistente, dolorido.
Díselo, te decía, díselo…
Pero tú no le escuchabas.
Sin más…
Sí, te hubiera gustado hacerlo, pero decidiste permanecer sordo a las…

Querido diario: ... se encargó de sacudir una bonita noche de carnaval mientras Luis Fonsi le cantaba a una guapa morena que le dejara respirar su cuello, despacito…

Querido diario:

Resulta que, al parecer, alguien cuyo deseo sea ser escritor (o proyecto de escritora, como a mí me gusta describirme) debe escribir todos los días para ir alimentando el hábito e ir desarrollando su estilo, para ir creando historias inspiradoras o para ir destruyendo ilusiones (esto también se consigue con un buen relato, aunque esté feo…), ya sean las propias o las de aquellos que leen lo que tenemos a bien, o a mal, escribir.

Vale, me digo cada día, siéntate, enciende el ordenador, respira hondo, masajea tus dedos como haces siempre que el gusanillo de la creación te sube por el estómago hacia la garganta, inspira, expira (como cuando estás viendo un partido de basket y hay que lanzar un tiro libre) y empieza…”.
Bien, pues esos pasos, que parecen sencillos, a veces son mucho más complicados de seguir que… no sé, que cualquier cosa que te cueste trabajo hacer o que consideres difícil, tediosa, exasperante, agotadora,… Todo eso junto y mezclado en una coctelera es e…

El Deseo.

El Deseo.
Me rondaba por la mente desde hacía ya algún tiempo dedicar un pequeño espacio de este blog a un tema que siempre me ha producido cierta curiosidad y, porqué no decirlo, mucha fascinación: el deseo. Y mira tú por dónde, me he tropezado esta mañana con este párrafo de El alma está en el cerebro, de Eduard Punset, que me ha dejado absolutamente sorprendida, ya que, a pesar de no ser para nada lectora suya, debo reconocer que me ha calado y que estoy totalmente de acuerdo con él. Dice así:

“El deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo.
El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad.
Unos planifican su vida, mientras que otros la viven al ritmo que les marca el deseo, el deseo de vivir y de hacerlo a su manera.
Por eso, sus autobiografías son más descriptivas que explicativas, pues …