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Sin título (I).


No sabía qué hacer… Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita, le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera. Se había complicado todo del modo más absurdo… Lentamente, las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente. Entendía el enfado de ella, entendía que no quisiera volver a hablar con él y menos aún verle… Y tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron, fue él.

“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”. Punto.

“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se decía sin saber cómo arreglarlo. Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer paso, ese paso que abriera la puerta a la normalidad, ese paso que solo ella sabía dar con la dignidad que la caracterizaba. Pero algo le susurraba al oído que eso no iba a pasar. Sabía que ella, probablemente, luchaba contra sus impulsos cada segundo desde aquel día, pero también sabía que no iba a permitir que él ganara esta vez.

Porque volver a empezar era una victoria para él y un punto y seguido para ella, la continuidad de esos momentos irreales que enmarcaban una vida vacía y deshecha. Hacía ya algún tiempo que ella le había dicho que respiraba por y para él, que sabía que el destino de ambos estaba escrito para que se cruzaran en el momento exacto en que lo hicieron. Tarde, mal y sin futuro.

Lentamente, se levantó de ese sofá que guardaba mil recuerdos cuyo eje central era el cuerpo desnudo de ella, arropado bajo una vieja manta de cuadros durante las largas y frías tardes de invierno que compartieron. Encuentros regalados por un destino sin compasión.

Encendió un cigarrillo mientras se asomaba a la ventana. Desde allí veía el mar, sereno, tranquilo… Desde allí la vio a ella, hermosa, preciosa…
Bss.
Foto: Isabel María Pérez Salas, Águilas.
 

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