Ir al contenido principal

El Libro de los Lunes.23: El Señor de los Anillos, J. R. R. Tolkien



Si os tuviera delante, os pediría que levantarais la mano los que no habéis oído jamás hablar de El Señor de los Anillos. Dudo bastante que nadie la levantara, dado el tremendo éxito mundial que alcanzó esta obra de John Ronald Reuel Tolkien, sobre todo a raíz de la saga cinematográfica con la que nos deleitó Peter Jackson hace unos años. Lo cierto es que, ya en las pelis, queda patente la extensión y dificultad que entraña esta historia, cosa que seguro han podido apreciar todos aquellos que no hayan tenido la osadía de leer la obra del brillante británico J. R. R. Tolkien, quien se valió de una profunda exploración personal sobre temas como la filosofía, religión, piedad, resurrección, muerte e inmortalidad, … para crear este maravilloso mundo en el que hay una clara influencia de los cuentos de hadas y de la mitología nórdica, plasmando algunos de los paisajes de su infancia para crear una especie de parodia de la Inglaterra rural de la época.

Debido a su extensión, la obra fue dividida en tres partes por cuestiones editoriales, más un Libro de Apéndices, que recoge una serie de historias cortas sobre el legendarium (libro o colección de leyendas) de Tolkien, quien siempre luchó por conseguir que el mundo de la Tierra Media ideado en El Señor de los Anillos, fuese considerado como un mundo mitológico que podría estar localizado en la Europa de miles de años antes de la Era Moderna. La Comunidad del Anillo, Las dos Torres y El Retorno del Rey forman esta obra maestra de la literatura universal, aunque no es una trilogía, término que molestaba en extremo al autor, puesto que la obra fue concebida como un todo y no en partes.



Si bien El Señor de los Anillos es la continuación de El Hobbit, argumentalmente lo es de El Silmarillion, recopilación de obras de Tolkien, editado y publicado por su hijo póstumamente en 1977, en el que encontramos el origen y nacimiento de las razas más importantes de la Tierra Media (valar, maiar, elfos, hombres y enanos), así como los acontecimientos de los Días Antiguos y la trama del legendarium creado por el autor.
  
El Señor de los Anillos es una novela de fantasía épica desarrollada en la Tercera Edad del Sol en la Tierra Media, poblada de hombres y otras razas como hobbits, elfos o enanos, en una singular mezcla entre personajes reales y ficticios. Planteada en un principio por Tolkien como la continuación de El Hobbit, acabó convirtiéndose en una obra de mucho más alcance y complejidad que esta, de tal modo que fue escrita por etapas entre los años 1937 a 1949. Se publicó en tres volúmenes por primera vez en Reino Unido durante 1954 y 1955 y ha sido traducida a varios idiomas, convirtiéndose en una de las obras más populares del siglo XX.

Como sabéis, la primera parte de la obra se tituló La Comunidad del Anillo, aunque hasta llegar a este título pasó por Crece la Sombra y El retorno de la Sombra. Gracias a que el título definitivo se ajustaba mejor al argumento de esta primera parte, Tolkien se decidió por él. Menos mal, porque personalmente, ¡tanta sombra no me gusta nada!



La novela empieza con la celebración del 111° aniversario de Bilbo Bolsón, tío de Frodo Bolsón, personaje vital en esta historia, con la asistencia de su gran amigo Gandalf. Es durante esta fiesta donde hace su aparición el Anillo de Poder, causante de los desastres que amenazan a la Tierra Media y que empujarán a Frodo, Samsagaz Gamyi, Merry y Pippin, cuatro valientes hobbits, a iniciar este aventura para salvar su mundo, plagada de sorpresas, muerte y dolor. Aun así, estos valientes y sorprendentes hobbits, como los describe el mago Gandalf, forman en Rivendel, ciudad-refugio de los elfos gobernados por Elron, junto con otros interesantes personajes, La Comunidad del Anillo.

Precediendo a esta primera parte, Tolkien compuso un prólogo que tardó en terminar cerca de diez años debido a la importancia que le concedió. En él nos habla de los hobbits, principales protagonistas de la obra según el autor, y lo divide en cuatro capítulos, tales como “De los hobbits”, “De la hierba para pipa”, “De la ordenación de la Comarca” y “Del descubrimiento del Anillo”.

Las dos torres, segunda parte de la obra, se llamó en un principio El anillo en la Sombra para pasar después a ser La Sombra se alarga; afortunadamente, días después de esta ocurrencia, Tolkien lo cambió por el definitivo y más acertado de Las Dos Torres, dejándonos la libertad de escoger a qué torres de todas las que salen en la obra se refería. Yo personalmente siempre he pensado que se refería a las dos torres más poderosas de ambos bandos, Bara-dhûr y Minas Tirith, pero…



Es en esta segunda parte donde encontramos uno de los capítulos más espectaculares en cuanto a riqueza descriptiva de la obra. Personalmente, me quedo con la batalla del Abismo de Helm, espectacular en todo lo que se refiere a los detalles narrados por el autor, así como a los colores, formas, y todo lo que allí aconteció el día que el ejército de la Mano Blanca fue derrotado. Parte también curiosa cuando menos, es la descripción de los Ents y cómo consiguen estos mágicos pastores de los bosques, derrotar y dejar encerrado en su torre de Isengard a Saruman (el mago blanco), que ve desde lo alto de esta cómo estos mágicos árboles destruyen sus fraguas, construidas para crear todo lo necesario para la destrucción de la Tierra Media y lograr el triunfo del gobierno de Sauron.

Algo parecido en cuanto al título sucedió con la tercera parte: El Retorno del Rey era, en un principio y por decisión del autor, La Guerra del Anillo, título más del gusto de Tolkien, ya que no revelaba en exceso el final de la historia; pero finalmente ganaron los editores, que consideraban el título definitivo más comercial.

¿Qué contaros de esta última y magistral parte de la novela? Pues la verdad es que no sabría por dónde empezar. Posiblemente si no tuviera más remedio que elegir un episodio, sería la Batalla de los Campos de Pelennor o el brillante momento en el que Frodo y Sam llegan por fin, exhaustos y medio muertos, a los pies del Monte del Destino, donde les espera la última lucha contra el Anillo mágico antes de su destrucción.



Como os conté al principio, para finalizar la obra, y no contento con los tres volúmenes que la componen, Tolkien escribió un Libro de Apéndices compuesto de diferentes historias cortas sobre El Señor de los Anillos que dividió en seis partes. En este Apéndice encontramos interesantes datos sobre la cronología de la obra, las diferentes genealogías que en ella aparecen o sobre las lenguas ficticias del libro.

Como conclusión, tengo que deciros que yo me leí la obra completa hace ya casi doce años y aún sigo alucinada con ella. Las descripciones son sumamente intensas y extensas; los personajes parecen tan reales como si los tuvieras sentados a tu lado; los escenarios, idílicos y maravillosamente ideados, te llevan a encontrarte en un mundo completo lleno de aventuras en el que los protagonistas luchan, cada día, por el triunfo del bien y de la paz. 

Un consejo para los futuros lectores de esta obra: paciencia. 

Os dejo uno de los pasajes más conocidos de El Señor de los Anillos, y os deseo una muy feliz lectura si os decidís, algún día, a vivir las aventuras de Frodo y compañía:

«Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra.
Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos.
Un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras».


Bss.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Águilas, mi Águilas.

https://m.facebook.com/elblogdeisaperez Mañana empieza una nueva etapa en la historia de Águilas, mi Águilas. Como toda ciudad cargada de historia, este rincón del Mediterráneo donde nací, me crié y me hice mayor, vivirá mañana uno de los días más importantes en la vida de una muy querida amiga, nuestra nueva alcaldesa. Lástima no poder estar allí para arroparla y vitorearla cuando jure su cargo. Afortunadamente, sé que va a tener con ella a mucha, mucha gente, apoyándola y agradeciéndole haber dado, una vez más, una muestra de generosidad al aceptar encabezar un cambio para nuestro pequeño paraíso convirtiéndose en la primera mujer que preside la alcaldía aguileña. Una vez más, Águilas, mi Águilas, hace historia. Mañana no se trata de aúpar a nuestra Mamen tratando de encontrar aceptación en aquellos que no votaron por este cambio. Mañana, según yo lo veo, se trata de comenzar a trabajar por llevar a cabo ese Gran Contrato por Águilas en el que su autora cree con los ojos cerrados y…

Sin título (I).

No sabía qué hacer… Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita, le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera. Se había complicado todo del modo más absurdo… Lentamente, las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente. Entendía el enfado de ella, entendía que no quisiera volver a hablar con él y menos aún verle… Y tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron, fue él.
“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”. Punto.
“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se decía sin saber cómo arreglarlo. Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer …

Sucedió al amanecer...

Desde un banco situado a escasos metros del lugar por el que ella pasaba, un hombre fumaba un cigarrillo, mientras pensaba enlo guapa que estaba esa mañana. El repiqueteo de sus tacones retumbaba en las paredes de la estrecha callejuela que cada mañana recorría de camino al trabajo, mientras pensaba en sus cosas. Ella siempre bromeaba diciendo que tenía un mundo interior muy extenso y entretenido y algo le indicaba que, posiblemente, era cierto. Sabía que no había ni un solo momento del día en el que no tuviera algo rondándole por la cabeza. Aún no la conocía del todo, pero estaba seguro de que dentro de ese cuerpo había aún muchas cosas por descubrir, la mayoría de ellas, muy del gusto de él. Por lo que de ella sabía, era capaz de estar totalmente concentrada en lo que hacía, al tiempo que una idea tras otra, un pensamiento tras otro, se iban sucediendo en esa cabeza que no paraba.
La mujer caminaba con la tranquilidad que le daba el no saberse observada. Su paso, tranquilo, dejaba v…