El Blog de Isa Pérez
Un blog sobre la vida que vivimos. O que no vivimos.
15/05/26
Il tempo scompare (II)
25/04/26
Il tempo scompare (I)
Notó un pinchazo en la sien que le atravesaba de parte a parte la cabeza. Intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondía a esas sencillas órdenes con la celeridad habitual. Se dejó caer de nuevo e intentó acompasar la respiración tratando de relajar un poco sus músculos y moverse. Inspiró, expiró y, muy despacio, abrió los ojos para encontrarse con la más absoluta oscuridad. El tambor que tenía dentro de su cabeza no dejaba de retumbar y se encontraba algo mareada. Aun así, consiguió sobreponerse al malestar que sentía y, con cuidado de no caerse, se levantó de la cama.
***
Ana había nacido en el seno de una familia feliz. Era única hija y, como tal, siempre tuvo los mimos y atenciones de unos padres y unos abuelos que se deshacían cada vez que ella los miraba con esos ojazos negros que reinaban en una preciosa cara redonda y blanca, rematada por unos labios suaves y rosas que casi siempre sonreían. Como sucede a veces con las familias felices, los padres de Ana tuvieron una muerte más temprana que digna y, con tan sólo dieciséis años, la dejaron en manos de sus orgullosos abuelos. Por aquel entonces aún los tenía a todos, a los cuatro, pero el paso de los años y la avanzada edad de estos hicieron que acabara viviendo con su abuela Lucía en un precioso y acogedor pisito que esta tenía en una céntrica calle de Granada. La calle Sol hacía justicia a su nombre y, en verano, era casi imposible respirar allí dentro si no se tenían las persianas bien echadas y el aire acondicionado a tope. Aquella ciudad la conquistó el mismo día en que puso los pies en ella, siendo aún una adolescente. Sus calles empedradas, sus monumentos, el bullicio constante de visitantes y habitantes, exposiciones, museos, conciertos a la luz de la luna, … Allí la historia se respiraba en cada esquina, en cada adoquín, en cada árbol centenario, en cada plaza escondida, … Y eso, a Ana, siempre le dio la vida.
Acabó su carrera de Psicología en la Universidad de Valencia y un par de años después se fue a vivir con Lucía, su carismática abuela. “Es tremenda”, decía siempre a sus amigas cuando les hablaba de ella. Y solo con ese adjetivo estaba todo dicho.
***
Cuando se trasladó a Granada desde Valencia ya contaba con casi veinticinco años. Fue un verano infernal el que la recibió para empezar a trabajar en el Centro Penitenciario de Albolote con una beca de tres años que le daba acceso a su primer empleo serio como psicoterapeuta. Allí, entre esos muros y siempre rodeada de barrotes y hombres desesperanzados, con grandes y graves problemas, aprendió que lo mejor para su futuro profesional y personal, era mantener siempre la cabeza fría y el corazón a buen recaudo para poder ayudarles de la mejor manera posible.
Conoció, durante sus primeros meses de trabajo en esa cárcel, a algunos internos dóciles, otros menos dóciles y algunos, los menos gracias a Dios, iracundos, agresivos y alejados de todo lo bueno que el mundo les pudiera ofrecer. Fue en una de las sesiones de terapia conductual con uno de estos internos cuando se le presentó el caso más llamativo que tuvo hasta la fecha.
El preso, Rubén, había sido víctima, inconsciente primero y ejecutor voluntario después, de una serie de desapariciones y un asesinato, orquestados todos ellos por una secta que se hacía llamar Los Hijos de la Luna. Los integrantes más antiguos de la secta, según supo más tarde Ana, eran los encargados de captar adeptos, mejor cuanto más jóvenes, pero siempre teniendo cuidado de que los pobres desgraciados que acababan viviendo en aquella granja fuesen mayores de edad. Aquello no era más que la punta del iceberg y, tras esa apariencia de secta destartalada y desorganizada que introducía a sus integrantes en el mundo de las drogas, la prostitución y la corrosión más absoluta del ser humano cuando no está en su sano juicio había todo un entramado de tráfico de personas a escala internacional, según se demostró en el juicio en el que Rubén, junto con otros seis miembros, fue condenado a una pena de quince años. “Pena es la de los pobres padres y familias de los desaparecidos y la asesinada…”, pensaba Ana, “…y no esto”.
Las desapariciones quedaron en eso, ya que jamás se supo dónde habían estado o qué les había sucedido a esos pobres infelices que un día salieron de casa y nunca encontraron el camino de vuelta. Las conjeturas llevaban hacia un único lugar y un único veredicto: Los Hijos de la Luna los habían adentrado en su mundo sectario, falto de cordura y lucidez, y habían acabado vendidos, trasladados a otras granjas, o muertos y enterrados en algún sitio al que la policía no había sido capaz de llegar.
En una de esas sesiones con Rubén, que gracias a la medicación y a los siete años que ya llevaba en el centro sometido a terapia, había evolucionado bastante y se mostraba cada vez más comunicativo, este le contó cómo amenazaban a sus víctimas de chantaje, casi siempre personas de clase alta y con mucho que perder si salían a la luz sus prácticas. Si el sujeto se negaba a desembolsar el “donativo” exigido por los maestros de la secta como “gratificación” por su silencio y discreción, recibía, tiempo después, una tarjeta dentro de un sobre en la que se podía leer “Il tempo scompare” (algo así como “el tiempo se esfuma”), escrito en estilizadas letras barrocas. Remataba la comunicación el dibujo de una flor de lis dentro de un pentágono dorado. Todo muy macabro y estudiado para ser una simple secta de granja…
Todo esto se lo contaba Rubén con ojos nostálgicos, como si aún sintiera el deseo y la necesidad de formar parte de ese mundo oscuro y perturbador que había sido el suyo durante muchos años. Era cierto que la mirada le seguía brillando cuando rememoraba ciertos episodios de esa vida que un día fue la suya, pero Ana estaba convencida de que el deseo de hacer el mal que había protagonizado casi la mitad de la existencia de Rubén ya no tenía cabida entre esos barrotes oxidados.
***
Un año después de su llegada a Granada, su abuela falleció durante un sueño feliz que la llevó a los brazos de su anhelado Francisco, el amor de su vida, dejando a Ana triste y sola en aquel pisito de la calle Sol. La parte menos mala del asunto fue la herencia. El pisito y la cuenta corriente de Lucía pasaron a engrosar sus ahorros y, tan solo un par de años después pudo por fin realizar la reforma que tanto deseaba. El resultado fue espectacular. Cada día que pasaba se sentía más y más cómoda, más feliz; aquel piso era ahora su hogar y ella lo había creado. Por primera vez en su vida había conseguido crear ella sola algo que deseaba. “Sí”, pensaba a menudo sentada en su viejo sillón, “sola, pero feliz”.
Hasta hoy…
Continuará...
Bss.
#blogperez #muchosiempre #unamujerqueescribenotienelimites #pasaeltiempoyteechomasdemenos
11/04/26
14/03/26
Casi...
Me he sentado muchas veces delante de mi página en blanco para escribirte algo que no suene a una despedida, porque te aseguro que para mí jamás habrá nada que me haga decirte adiós para siempre, pero sí quería enviarte hoy algunas líneas en las que te dijera algo que no te haya dicho ya antes. Y no he encontrado nada en mi corazón ni en mi cabeza que no te haya dicho ya.
30/06/24
Solo sentir...
Durante toda mi vida, como muchos de vosotros, he buscado la felicidad. Me fascina ese sentimiento tan perseguido, por mí la primera, y tan fugaz que, cuando lo experimentamos, no lo valoramos con la suficiente fuerza y lo único que deseamos es sentirlo más y durante más tiempo. Siempre más…
Dicen de ella que es maravillosa, que quien la siente no deja de sonreír, de cantar y de reír. Es como vivir en una película musical de los años cincuenta en la que todos los protagonistas miran al cielo mientras cantan extasiados, ataviados con exquisitos trajes, haciendo ojitos a sus acompañantes en una rueda interminable de placer sin paragón. Claro que, ¿hay alguien que viva constantemente en semejante escenario?
Durante estos últimos días, he pensado mucho en ello, en si soy o no feliz y en si quiero o no sentir algo diferente a lo que siento. Después de mucho reflexionar, me he dado cuenta de que no, no soy feliz en casi ningún momento del día, a excepción de algunos momentos aislados y alguna pequeña pildorita de placer que me permito de vez en cuando. Por tanto, llego a la irremediable conclusión de que la felicidad solo existe en minidosis y en microescenarios y es en extremo complicado dar con ella porque nunca dejamos que nos invada del todo, pensando siempre como estamos en el futuro próximo, o lejano a veces, sin disfrutar del presente que se nos brinda y dejando pasar, por tanto, algún preciado momento de felicidad que se volatiliza sin darnos ni cuenta. Las ansias de un futuro pleno arruinan nuestro mejor presente, convirtiéndolo en una estación de paso a la que casi nunca prestamos la suficiente atención.
Felicidad…
Yo la he tenido en la punta de los dedos, la he dejado rozarme, incluso tocarme. La he sentido crecer dentro de mí, invadirme y, más tarde, alejarse sin mirar atrás. Hubo un tiempo en que incluso los pensamientos me provocaban unos minutos de felicidad, luego cesaron porque lo que necesitaba era sentir, no recordar, no pensar. Solo sentir… Poder tocarlo, poder mirarlo, saborearlo dentro y fuera de mí, como esa explosión de luz que lo invade todo en un día de fiesta. Esa era mi felicidad ansiada, la que tuve y no supe disfrutar, la que me regaló la vida y yo, torpe, insensata y egoísta, sacrifiqué con solo una palabra.
Y, como siempre en estos casos, solo supe qué era ser feliz cuando lo perdí y ya no me quedó nada.
Besos.
#blogperez #muchosiempre
09/12/23
Querido diario: ... Quizá sea mi momento o quizá sea solo un momento más ...
Querido diario:
Soñaba con reencontrarme contigo, siento no haber tenido la fuerza suficiente para hacerlo antes. Si miro la fecha de la última vez que escribí en tus páginas, estoy segura que me sorprenderé. Pero no quiero hablar de eso, ya sé que la pereza siempre ha sido mi punto débil a la hora de escribir. Y no por falta de ideas o de inspiración, a veces la falta de motivación basta para que no hagamos lo que debemos hacer. Nunca he considerado esto de escribir como un trabajo, la verdad es que nunca lo fue para mí, pero siempre me ha faltado compromiso con la escritura, a pesar de lo muchísimo que me ha gustado siempre crear historias e imaginarme en ellas, llenar horas y hojas inventando otras vidas o encontrándome con la mía a pecho descubierto. Igual ha llegado el momento de tomarlo más en serio. Quizá sea mi momento o quizá sea solo un momento más, quién sabe…
Hoy quería contarte que desde hace unas semanas, por aquello de reforzar el momento creativo (jajajajjaajjaja), soy alumna de un taller de la Escuela de Escritores. A ver, suena mejor de lo que es, pero bueno, me sirve para sentarme a trabajar (esta parte sí que es un trabajo) y, gracias a ello, estoy creando nuevos relatos. Vamos por el cuarto que, por cierto, tengo que empezar sin falta si no quiero incumplir el plazo de entrega, cosa que no me gustaría que pasara. El curso no está mal, le falta agilidad en la presentación de contenidos y tenemos poca comunicación con la profe, no por culpa de ella, sino por la forma en la que está estructurado, pero bueno, seis relatos en tres meses es mucho más de lo que seguramente escribiría por libre. He aprendido cosas que no sabía y que no me había parado a pensar a la hora de escribir; a mejorar otras que no me había parado a analizar y a darle algo más de vida a mis escritos y a mis protagonistas, a los que estoy mimando todo lo que puedo y haciéndolos formar parte de mí. Es alucinante cómo pueden llegar a apoderarse de tu mente esos seres irreales. Dotar de vida, amor, esperanza, dolor, tristeza, … a tus personajes, te da un poder que solo se consigue con la escritura. Moldear la historia y dejarla ir para ver a dónde nos lleva; verla crearse, realizarse. Es un proceso increíble.
Las correcciones por parte de Clara, la profe y escritora gallega, están siendo bastante enriquecedoras y, en ocasiones, duras. ¡Algún enfado he pillado después de que me recortara frases y párrafos que para mí eran maravillosos! Pero, ¿a quién le gusta ver cómo sus textos son podados sin piedad? Como ella dice, a ninguno nos gusta tener que corregir nuestros textos, pero hay que hacerlo y, a veces, el quitar contenido hace que el texto gane en calidad. Eso también lo estoy aprendiendo poco a poco. Un día de estos, cuando decida qué hacer con las nuevas creaciones, puede que suba alguna al blog. Pero antes debo decidir si los guardo para algún concurso, ya que, de ser así, tienen que ser inéditos y no publicados en ningún sitio. Es posible que el primero sea carne de concurso. Me encanta. Un relato algo gore, como me dicen los que lo han leído. Se fue armando solo y me obsesioné tanto que creo que al final salió algo bastante bueno, teniendo en cuenta que la autora soy yo… Ya te iré contando más cosas, a ver en qué acaba el taller …
Por lo demás, poco que contar. Está siendo un año muy largo, muy triste y muy trabajoso. Sí, creo que esa palabra se ajusta bien a lo cansados que me resultan los días. Hay algunos que parecen no tener fin, minutos que parecen horas y horas que son como un bloque de piedra que no se mueve. Así son a veces las agujas de mi reloj… Lentas, pesadas, desesperantes. Y, la verdad, es que a veces me pregunto para qué narices quiero que avancen las puñeteras horas si no voy a ningún otro sitio que no sea otro día igual a este. El nuevo día no va a traerme nada especial, ni increíble, ni maravilloso. El nuevo día solo va a traerme una nueva arruga en mi frente y un pie más cerca del final. Nada extraordinario va a suceder mañana, aunque, bien mirado, quizá sea lo mejor. La ausencia de novedades puede ser buena en sí misma, ¿no? Quizá lo que quiero con ansia es que se acabe 2023, año impar, mal año, y llegue el próximo a ver qué tal se nos da. Hace mucho tiempo que el inicio del año dejó de tener ese sabor a nuevo de antaño, sobre todo en mi trabajo, y casi no nos damos ni cuenta de que hemos cerrado un ejercicio y abierto otro, ahogados en la tremenda presión que soportamos. Por eso no termino de saber exactamente para qué quiero que llegue. ¡Para cumplir los 48 que me van a caer no creo!! Bueno, supongo que será por la esperanza de una época mejor, sin sobresaltos y con algo de paz, con algo de sosiego y con un poco del amor que creo que me merezco y me falta. Es cierto que hay cosas que llenan tu corazón cuando suenan las doce campanadas en Nochevieja y la esperanza puede que sea la más importante de todas. Me aferraré a ella, a ver si entre las dos logramos algo de felicidad, ya que está claro que mi único deseo jamás se hará realidad.
Querido diario, cada vez que me reencuentro contigo me obligas a contarte cosas que me cortan la respiración y me ahuecan el alma, aunque puede que no sea por lo que te cuento, sino por lo que callo. Quién sabe …
Hace poco descubrí una canción de Bebe que se llama Ganamos que me hace llorar cada vez que la escucho. Tiene frases devastadoras. Hoy me despido de ti con algo de ella …
“ … Te escribo tanto porque no me despedí. Me quedo con tu amor y tu ternura …
No volveré a sentir igual, lo que tuvimos fue de una intensidad que pocos pueden comprender…
Te doy las gracias mi vida, porque mi vida siempre tendrá parte de ti … “.
Bss.
#blogperez #muchosiempre
04/12/23
La espera
No sabía qué hacer.
Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera.
Todo se había complicado del modo más absurdo. Las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente, tan odioso. Tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron fue él, las que pusieron el punto final más doloroso a la más bella historia de amor jamás imaginada.
“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada más. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”.
Punto.
“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se repetía apretando los puños con rabia contenida.
Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer paso, ese paso que abriera la puerta a la normalidad, ese paso que solo ella sabía dar con la dignidad y el amor que la caracterizaban. Pero algo le susurraba al oído que eso no iba a pasar. Sabía que ella luchaba contra ese impulso cada segundo desde aquel día, pero también sabía que, esta vez, ella haría todo lo posible por darle lo que le él le había pedido.
Hacía ya algún tiempo que ella le había dicho que respiraba por y para él, que lo amaba más que a nada en el mundo y que siempre lo esperaría, siempre. Estaba convencida de que el destino de ambos estaba escrito para que se cruzaran en el momento exacto en que lo hicieron. Y que la pasión y el deseo que ambos sentían con solo escuchar la voz del otro, con solo mirarse, hacía que tuviera más que claro que estaban hechos el uno para el otro. A pesar de todo. A pesar de la vida. Ella lo amaba de un modo increíble, incondicional, y, solo por ese motivo, sabía que haría todo lo posible por no ceder a lo que su corazón la empujaba a hacer a todas horas. Sabía que, incluso eso, lo hacía por él, para darle lo que él quería. A pesar de su dolor, a pesar de su amor.
Una lágrima resbalaba por su mejilla cuando se levantó de ese sofá lleno de recuerdos cuyo eje central era el cuerpo desnudo de ella, arropado bajo una vieja manta de cuadros durante las largas y frías tardes de invierno que compartieron. Sentía frío en el lugar más cálido que había existido. Sentía dolor en el lugar que más felicidad le había dado. Y el único motivo para sentirse así era el vacío que sentía en su interior desde aquel día. Ausencia de vida, ausencia de felicidad, ausencia de ella. La necesitaba y lo sabía. Ella lo esperaba, eso también lo sabía.
Encendió un cigarrillo al tiempo que se asomaba a la ventana. Desde allí veía el mar, sereno, tranquilo. Desde allí la vio a ella, hermosa, preciosa.
Bss.
#blogperez #muchosiempre
12/11/23
Los pasos
Con las manos firmemente apoyadas en su cintura, daba vueltas por la habitación. Su cara reflejaba el profundo momento de reflexión en el que se había sumergido. Había decidido solucionar aquello y solucionarlo ya. Debía meditar sobre el siguiente paso a seguir, pero dudaba entre las posibles soluciones que su mente le presentaba. El corazón había quedado fuera de esta reunión, no era bienvenido hoy. Se detuvo frente al espejo que colgaba solitario de una de las paredes de la estancia y miró su reflejo. Vaqueros desgastados, botines marrones de tacón alto, camisa blanca. Casi perfecta. Sólo le faltaba sonreír un poco.
01/11/23
Al amanecer
Para ti ...
Desde un banco situado a escasos metros del lugar por el que ella pasaba, un hombre fumaba un cigarrillo, mientras pensaba en lo guapa que estaba esa mañana.
El repiqueteo de sus tacones retumbaba en las paredes de la estrecha callejuela que cada mañana recorría de camino al trabajo, mientras pensaba en sus cosas. Ella siempre bromeaba diciendo que tenía un mundo interior muy extenso y entretenido y algo le indicaba que, posiblemente, era cierto. Sabía que no había ni un solo momento del día en el que no tuviera algo rondándole por la cabeza. Aún no la conocía del todo, pero estaba seguro de que dentro de ese cuerpo había aún muchas cosas por descubrir, la mayoría de ellas, muy del gusto de él. Por lo que de ella sabía, era capaz de estar totalmente concentrada en lo que hacía, al tiempo que una idea tras otra, un pensamiento tras otro, se iban sucediendo en esa cabeza que no paraba.
20/10/23
El abuelo y la nieta (reeditado).
Sin hacer ruido, entré.
14/10/23
03/10/23
He vuelto a
soñar contigo esta noche…
Paseábamos nuestro
amor mientras nuestros dedos se entrelazaban y el roce de nuestra piel
despertaba un urgente deseo de calmar la sed de pasión que ambos sentíamos. Nos
mirábamos, nos abrazábamos, nos saboreábamos… En cada mirada, nos prometíamos
una vida juntos.
Y, mientras me
besabas, desperté sola y herida en lo más profundo de mi ser…
Bss.
#blogperez #muchosiempre
02/10/23
La historia más vieja del mundo.
son dos manos entrelazadas,
dos miradas profundas,
dos bocas amarradas,
dos corazones latiendo…".
Bss.
26/09/23
La puerta azul.
Una luna, una playa, ...
Una luna, una playa, ...
Si cerraba los ojos, aún podía verlo, sentirlo, … Una luna, una playa, unos brazos que la abrazaban, una boca que la besaba, u...
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Fotografías de Fernando Mula García, Fer-Fotografías. http://ferfotografias.blogspot.com.es/ https://www.facebook.com/yosonrrie Canción:...







