Ir al contenido principal

¿Disfrutas o grabas?

Como ya sabéis, anoche estuve de concierto.. Jejeje, lo sabéis de sobra...

Bueno, el caso es que durante el espectáculo, y como viene siendo habitual en los últimos tiempos, hay, o hubo, mucha gente que se dedicó a grabar con su teléfono móvil buena parte del show.

Éste también es un buen tema de debate, creo yo.

A ver, anoche había en la sala gente de muchas generaciones. Os puedo asegurar que había de todo. Lo más lógico, cabe pensar, es que sean los más jóvenes los que hagan estas cosas dado el enganche generacional que tienen a estos aparatos (me incluyo, no en lo de los más jóvenes, sólo en lo del enganche...). Yo, debo confesarlo, saltándome las reglas cuando ya todo el teatro bailaba en pie a ritmo de "El Dorado", grabé 10 segundos al final del concierto para enviárselos a una amiga que le encanta... Me porté muy bien...

Bueno, pues la que se llevó ayer el premio gordo fue una señora (sí, señora) de al menos 50 y tantos largos que tenía sentada delante. Tan fuerte fue el tema, que yo estaba alucinada. Primero, no se podía grabar en la sala; segundo, empezó a grabar cuando arrancó el concierto y lo dejó cuando una azafata le llamó la atención ¡7 canciones después!!! Si la deja, ¡¡¡lo graba entero!!! Claro, es que la cosa cantaba mucho, nunca mejor dicho. Muy fuerte.

Hay cantantes a los que esto no les hace ninguna gracia. Y claro, yo lo entiendo. Si vas a ver un concierto, a cantar, a bailar, ¿para qué llevas el móvil? ¿Para qué te dedicas a grabar en lugar de disfrutar del espectáculo???

Hace unos meses estuvimos viendo a Dani Martín (otro concierto espectacular; si tenéis ocasión, id a verlo). Fue un concierto al aire libre. No sé cuántas personas habría allí, pero muchas, muchísimas. Bueno, hubo un momento hacia la mitad en el que sólo se veían móviles en alto, algo que a mí me estaba pareciendo deplorable, precisamente porque creo que si estás haciendo eso no estás haciendo lo que has ido a hacer. El caso es que al protagonista del evento le molestó bastante hasta el punto que paró el concierto y gritó: " ¡Dejad ya los putos móviles!" (perdón por lo del taco). Normal, ¿no creéis? Claro, que no tuvo mucho efecto; hubo quien lo dejó y hubo quien siguió.

Anoche, Goñi, elegantemente, sólo hizo un comentario al respecto (teniendo en cuenta que estaba prohibido grabar y que era una sala de teatro era normal que no hubiera este tipo de incidentes); de hecho, nos dejó "10 segundos para que le enviéis un whatsapp a vuestros hijos y les digáis que vais a llegar tarde". Breve, pero intenso.

Se admiten opiniones, queridos lectores.

Bss.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi Payaya.

Artículo publicado en el "Libro de Verano de Águilas 2018".
Dedicado a mi abuela.



La pequeña tienda que regentaba estaba situada a escasos pasos de la Playa de Poniente, junto a La Posada, frente a la Plaza de Abastos del bonito y modesto pueblo de Águilas. Su especialidad, cariño y pasión en lo que hacía y, su plato fuerte de cada día, trabajo y más trabajo. En la puerta del establecimiento no había ningún cartel que anunciara su nombre o lo que se vendía, pero todo el mundo en Águilas sabía que allí se podía comprar comida y que la que había detrás de aquel mostrador metálico que brillaba cada mañana al reflejar el intenso sol que reinaba en el cielo de aquel rincón del Mediterráneo, era Apolonia, la mujer de Juan Pérez Sánchez, el mecánico que tenía su taller unas calles más abajo, en la Plaza Granero.
Ella, la tendera, era pequeña, como una muñeca de porcelana. Su cuerpo era delgado, su sonrisa, eterna y sincera, y su mirada, limpia y amable, te devolvía un reflejo grisáce…

Sin título (I).

No sabía qué hacer… Si escribirle le parecía del todo inapropiado dado el resultado del último encuentro, llamarla por teléfono o hacerle una visita, le parecía aún peor. Aunque su corazón latía a mil por hora solo con pensar en ella, sabía que la última vez algo había levantado un muro entre ambos que ninguno de ellos iba a conseguir saltar a la primera. Se había complicado todo del modo más absurdo… Lentamente, las palabras que cruzaron aquel día bailaron ante sus ojos sin comprender cómo había sido capaz de decir tantas cosas de ese modo tan indolente. Entendía el enfado de ella, entendía que no quisiera volver a hablar con él y menos aún verle… Y tenía que admitir que el que había pronunciado las palabras que más dolieron, fue él.
“No vamos a volver a vernos, así evitaremos que pase nada. Esa es mi decisión y tienes que respetarla”. Punto.
“¡Tonto, tonto, más que tonto!”, se decía sin saber cómo arreglarlo. Llevaba algo así como un par de semanas esperando que ella diera el primer …

Sucedió al amanecer...

Desde un banco situado a escasos metros del lugar por el que ella pasaba, un hombre fumaba un cigarrillo, mientras pensaba enlo guapa que estaba esa mañana. El repiqueteo de sus tacones retumbaba en las paredes de la estrecha callejuela que cada mañana recorría de camino al trabajo, mientras pensaba en sus cosas. Ella siempre bromeaba diciendo que tenía un mundo interior muy extenso y entretenido y algo le indicaba que, posiblemente, era cierto. Sabía que no había ni un solo momento del día en el que no tuviera algo rondándole por la cabeza. Aún no la conocía del todo, pero estaba seguro de que dentro de ese cuerpo había aún muchas cosas por descubrir, la mayoría de ellas, muy del gusto de él. Por lo que de ella sabía, era capaz de estar totalmente concentrada en lo que hacía, al tiempo que una idea tras otra, un pensamiento tras otro, se iban sucediendo en esa cabeza que no paraba.
La mujer caminaba con la tranquilidad que le daba el no saberse observada. Su paso, tranquilo, dejaba v…