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Cuento. Parte 1.

Un día como cualquier otro. Un día más en una ordinaria vida... Así empieza este cuento.

Como cualquier otro día, se levantó; no sin esfuerzo, porque los años y los kilos ya le pesaban bastante. Se puso sus zapatillas de andar por casa y se dirigió al baño arrastrando pesadamente los pies. Encendió la luz, se miró al espejo y bostezó ruidosamente mientras se preparaba para darse una ducha que le reactivara un poco. Últimamente no dormía muy bien, la verdad, al final iba a tener que ir a visitar al doctor, pero estaba demasiado ocupado para pensar en eso ahora. Debía darse prisa o llegaría tarde a la reunión que la pesada de la nueva jefa había señalado para las 9 en punto, y con el mal genio que se gastaba cualquiera se atrevía a retrasarse... Salió de la ducha exactamente 5 minutos después, tiempo justo y suficiente. Se secó cuidadosamente, se puso su batín (calificado por todos los que conocían su existencia de hortera...), se dirigió a la cocina y consultó el reloj digital que parpadeaba amenazante en el panel del microondas. Mientras se preparaba el café, que siempre tomaba acompañado de zumo de naranja (de bote, no tenía tiempo ni ganas de comprar y exprimir naranjas), pensó lo bonita que había quedado la casa después de la reforma que Alicia y él habían hecho hacía 4 años. Sí, realmente bonita, una pena que ella no la esté disfrutando como él.

Ambos habían  decidido que el apartamento de dos dormitorios que tenían en el centro necesitaba urgentemente un arreglo. Las anticuadas paredes de gotelé pedían a gritos una o varias capas de pintura, de la buena a poder ser. Los muebles del salón se veían rallados y sin brillo, el viejo sofá cantaba como un grillo cada vez que se dejaban caer en él y la cocina... Bueno, la cocina era punto y a parte en este maremágnum de vejez. Así que se pusieron manos a la obra y con tiempo y dinero (del que disponían bastante por aquellos tiempos) lograron dar a la casa una aire renovado, moderno y acojedor. Tiraron el tabique que comunicaba cocina y salón, pintaron de blanco las paredes después de arrancar gustosamente el viejo gotelé, compraron muebles nuevos para toda la casa, renovaron el baño,.... En fin, no se privaron de nada y el resultado fue espectacular. "Lo que el dinero no consiga...", pensó volviendo a la realidad.

Antes de sentarse a desayunar encendió el televisor como cada día de los últimos dos años a esa hora para ver las noticias del día en el Canal 24 h. Crisis, corrupción, violencia de género, guerra,... Una maravilla para empezar el día con optimismo. Si Alicia estuviera aquí ya me habría obligado a quitarla, no le gustaba tener que aterrizar en la realidad tan temprano...

"¡Ay Alicia, cuánto te echo de menos!".

Después de tomar su desayuno se dirigió al dormitorio para vestirse. Al final llegaría tarde y la nueva le iba a poner de vuelta y media... Ufff, con las pocas ganas que tenía de complicaciones, ¡y a su edad! A un paso de la jubilación y ahora esto...

Se vistió como cada día cuidando todos los detalles. Traje de chaqueta azul marino, camisa blanca, corbata azul con rayitas en celeste y cinturón de piel negro. Se puso sus zapatos de cordones negros que la noche anterior había dejado ya limpios y echó un último vistazo a la imagen que presentaba en el espejo de cuerpo que había en el recibidor del piso. " Bien, no está nada mal chaval". Cogió la llave del coche y el maletín y salió cerrando la puerta suavemente. No eran horas de ruidos, aunque los vecinos ya estarían también preparándose para ir a llevar a los niños al colegio y después a currar en el centro comercial que habían abierto en las afueras.

Dudó entre bajar en ascensor los dos pisos que lo separaban de la calle o bajar andando... Un poco de ejercicio no le iba a venir mal, total, dos pisos de nada... Bajó un escalón, bajó dos, tres, cuatro,...

Continuará...

Bss.

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