domingo, 10 de enero de 2016

De profesión, desmotivado.

Lo que me ha motivado a escribir y a indagar un poco sobre los efectos de la motivación ha sido, desgraciadamente, la falta de ella.
Cada día, al levantarnos de la cama para acometer nuestra actividad diaria, ya sea por placer,
por necesidad o por obligación, nos ponemos en manos de la bien llamada ​motivación​, palabra
derivada de las latinas ​motivus​ o ​motus​ (causa del movimiento), que ha sido definida por
diversos autores como “un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta”.  


Ciertamente, uno de los motores principales de creación de esta motivación somos, en efecto, nosotros mismos: todo depende del valor que le damos a lo que hacemos. Punto importante y crucial para empezar: si yo no valoro en su justa medida lo que hago, cómo lo hago, por qué lo hago,… nadie lo hará, y en el momento en el que pierdo de vista estos impulsos empiezo a caer en la desgana, la dejadez, la pereza… El dejar de sentir en mi interior esta motivación que hace que me coma el mundo es causa directa del deseo de dejar de hacer lo que ya no me produce placer o ya no es para mí una meta o un reto. Dicen los expertos que la motivación que reside en nuestro interior viene dada por el autodeseo de buscar nuevos desafíos y por la capacidad de observar y adquirir nuevos conocimientos. Y creo que tienen toda la razón.
¿Os va sonando esto? Sigamos.
Muchas son las teorías que circulan alrededor de este sentimiento que guía gran parte de nuestra vida y muchas son, también, las hipótesis y las maneras de ver lo que provoca el estar o no motivado. Muchos estudiosos, que se han visto igualmente motivados para definir este estado, han llegado a la conclusión de que hay dos tipos de motivación: una interna y otra externa y que cada una de ellas es contraria a la otra. La primera de ellas implica a los llamados impulsos, que son los que nos van guiando hacia fines determinados o hacia metas marcadas por nosotros mismos o por otros, que influyen de manera externa en nuestra vida y nos ayudan a persistir en nuestros deseos hasta lograr su consecución, lo que podemos relacionar con las palabras voluntad e interés. En el lado contrario, según nos explican, está la motivación externa  que se sostiene por el deseo de conseguir un resultado determinado, como ganar o vencer a los demás, que viene siempre acompañado del aplauso del público y de alguna que otra recompensa.
Yo, por supuesto, no soy estudiosa de este campo, ni lo pretendo, pero sí que he llegado a la conclusión de que en cierta medida, ambas van juntas o, al menos, sí que influye la una en la otra de algún modo. Porque, ¿quién no se ha automotivado para lograr el aplauso del público en algún momento? ¿Quién no se ha automotivado para vencer y lograr el triunfo en alguna empresa?
Pues eso.
Bien, dicho esto, voy a centrarme única y exclusivamente en la motivación laboral o profesional. Venía, hace unas semanas, de vuelta de una jornada laboral especialmente desalentadora escuchando en la radio a una psicóloga que explicaba cuál era, muchas veces, el origen de la desidia que ataca a muchos profesionales de cualquier ámbito al cabo de unos años. Decía, y estoy absolutamente de acuerdo con ella, que muchas veces son las propias empresas las que dejan de lado a determinado tipo de trabajador desoyendo a menudo lo que su capacidad puede ofrecer, haciendo que se sienta básicamente un cero a la izquierda y no ayudándole a desarrollar su capacidad laboral y demostrar todo lo que sabe y todo lo que es capaz de hacer, favoreciendo de este modo la falta de productividad, la aparición de pensamientos limitantes y la sensación de desánimo que termina afectando, en muchos casos, a la propia salud.
De acuerdo no, lo siguiente.
La motivación en el trabajo es la unión de la energía que se origina tanto dentro del individuo como fuera de él, dando lugar a la unión de ambos tipos de motivación que antes os comentaba. Un personal altamente motivado puede aportar a la empresa para la que trabaja, ya sea grande o pequeña, ideas creativas e innovadoras que pueden generar éxito a la organización en general o al grupo de trabajo al que pertenezca el individuo en particular. No es lo mismo levantarse cada mañana antes de que salga el sol sabiendo que vas a sentarte en una mesa en la que no vas a poder desarrollar tu potencial como trabajador y que el trabajo va a ser el mismo que ayer e idéntico al de mañana, días tras día, semana tras semana, año tras año, que hacerlo empujado por las ganas de triunfar que se sienten al saber que estás sentado en la mesa correcta para conseguir dicha meta. La mesa es muy importante y el ambiente de trabajo, unido al grupo que lo conforman, lo es aún más, ya que las oportunidades, además de buscarlas, necesitamos crearlas.
Es, por tanto, indispensable, tanto crear motivación en tu interior como sentirte motivado en tu entorno, ya que, si no puedes demostrar lo que sabes, lo que aprendiste…; si lo único que puedes hacer en tu entorno de trabajo es luchar por una oportunidad que no llega, al final, te quedarás sentado en la mesa de la desmotivación,  ya que el desgaste que se sufre intentando mejorar, intentando alcanzar metas día tras día, al final es tan grande que terminamos sintiendo que no merece la pena; nuestra fuerza de voluntad desaparecerá, perdiendo, por supuesto, la confianza en nosotros mismos.
Y eso, queridos lectores, es lo peor que le puede pasar a alguien en su vida laboral. Es como amar y no ser correspondido, pero a escala salarial.
Os deseo que nunca perdáis la motivación-ilusión y que luchéis cada día por sentiros útiles y valiosos. Aunque no os sintáis motivados para ello.
Bss.




7 comentarios:

  1. Amiga hoy en día y como están las cosas en el trabajo y (quien tiene trabajo) la motivación es importante ya que el trabajo escasea y los sueldos bajan y si no vas motivado al trabajo apaga y nos vamos. Desmotivarse nos lleva a un desgaste que cansa y a pesar de todo nos quita la ilusión. Lo mejor es estar activo para que eso no ocurra. Ahi quien por falta de motivación ha dejado el trabajo y luego qué se tiene que volver a motivar para encontrar otro claro y al final es una rueda que te hace estar insatisfecho. Gracias por los consejos. Un abrazo

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    1. Todo es importante en este ámbito, y sigue siendo fundamental dar y recibir. Siempre hay una manera de que ambos campos se unan y consigan coexistir. Hay q luchar por encontrar cómo.

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  2. Hay un proceso mental que no hay que perder de vista: la disciplina. La motivación, como subalterna de la felicidad, ha creado espejismos. Otra cosa es que las empresas, ajenas a todo lo que no es negocio, maltraten a sus empleados. Entonces no hay motivación ni disciplina que salve el abismo entre lo que se hace y lo que te piden que hagas. Si motivarse es, como bien dices, motor primero del movimiento, es fundamental una implicación personal para, como engranaje, hacer mover a todo un sistema. Eso deben tenerlo en cuenta las empresas.

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    1. Eso firma parte de la responsabilidad social corporativa, q mi buen amigo Lucio Fernández conoce al dedillo. Por si no has tenido ocasión de leerla, hay una magnífica entrevista en mi "de tú a tú, con Lucio Fernández López, DIRSE en redyser", publicada en mi Facebook. Muy interesante y recomendable.
      La motivación viene en gran medida originada por la ilusión y la disciplina, pero todo tiene un tope, si no sabes cómo motivar a tus empleados, mal vamos. Paso a paso todo se consigue.
      Gracias por el comentario!!

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  3. Genial la entrada y tu blog. Enhorabuena.

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  4. Genial la entrada y tu blog. Enhorabuena.

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