jueves, 28 de enero de 2016

Un banco de un parque cualquiera. (Microrrelato finalista en el II Concurso Otoño- Invierno organizado por Diversidad Literaria).


Un banco de un parque cualquiera.
(Microrrelato finalista en el II Concurso Otoño- Invierno organizado por Diversidad Literaria).
 
 



Sentados, una pareja.
Ella, cabello blanco, rostro enjuto marcado por la vida.
Él susurra algo a su oído, mientras le acaricia suavemente la mejilla.
Ella sonríe y se deja cortejar.
Sonrojada, le dedica su mirada más coqueta, y le deja hacer.
Él, en un alarde de la confianza ganada a fuerza de vivir,
le desliza un tierno beso
con la seguridad de que, juntos, caminan hacia el invierno de sus vidas.
Autora: Isabel María Pérez Salas

miércoles, 27 de enero de 2016

Mi Musa preciosa.



De los muchos personajes que componen el Carnaval de Águilas, reconocido, por fin, de Interés Turístico Internacional, hay unos a los que no se les hace demasiado caso, quizá por su tamaño, quizá por su juventud, ... No sé, siempre me pareció que los personajes infantiles que ensalzan la grandeza de nuestra fiesta más famosa están, quizá, algo olvidados por todos.

De entre todos ellos, este año tengo una especial conexión con la Musa Infantil, esa Musa preciosa que, este año, va a subirse al balcón de los sueños la noche del Viernes de Carnaval a recitar su pregón. Esta pequeña reina, Eva Vivancos Espinosa, hija de amigos de toda la vida, verá por fin cumplido uno de sus sueños: deleitarnos con su baile y con su gracia en la ceremonia del Cambio de Poderes, a partir de la cual, será, oficialmente, la Musa Infantil del Carnaval de Águilas 2016, para felicidad y orgullo de todos. Felicidad de verla dichosa, orgullosos por ser ella como es.

Yo, este año, por varios motivos, voy a enarbolar el estandarte de la Diosa Infantil, que representa para todos la belleza, la armonía, la fiesta, la música, ... Voy a maravillarme con la pureza de su mirada mientras nos lleva a tocar el cielo con las manos desde la bonita balconada adornada de sueños desde la que dará el pistoletazo de salida a estos Carnavales tan especiales. No me cabe duda de que será una Musa Infantil inolvidable.

Eva, mi Musa preciosa, cuando sientas las mariposas subiendo, alegres, por tu estómago, cierra los ojos, siente la música en tu corazón y mira hacia el cielo. 
La Luna siempre está allí, aunque no la puedas ver. 

Bss.

sábado, 23 de enero de 2016

De tú a tú: Entrevista con Álvaro Muñoz Borchers, jugador de baloncesto en la BBL alemana.

Entrevista completa en La Sección Basket, pincha aquí:
 


Un día, en Pumarín, fortín del OCB, vimos desde la grada a un joven jugador que nos dejó con la boca abierta después de verle jugar por vez primera. Su nombre, Álvaro Muñoz Borchers.





Bss.

miércoles, 20 de enero de 2016

El Libro de los Lunes.22: "La Melodía del Tiempo", José Luis Perales.


Enfrentarse a la crítica casi a diario como lo lleva haciendo José Luis Perales desde hace más de cuarenta años no debe ser nada fácil. Lo que me encantaría saber es si la sensación ha sido diferente al esperar, ansioso, la crítica de su primer libro, lanzado a la venta el pasado mes de noviembre, con gran expectación por parte de sus fans. Y no os engaño, me gustaría mucho poder preguntárselo en persona…
Esta publicación, titulada La Melodía del Tiempo es su primer libro, a pesar de que lleva escribiendo historias toda la vida. Porque, ¿qué es, si no eso, la música? Una sucesión de palabras que forman una historia a la que alguien le pone una melodía para que nuestro corazón baile al oírlas. Dice el autor que ha dedicado su vida a poner música a las historias cotidianas de la gente. Y vaya si lo ha hecho, no sólo les ha puesto música, sino que las ha unido en esta Melodía maravillosa que nos transporta a una pequeña aldea del interior y nos introduce en las casas de sus habitantes para que podamos conocer, de primera mano, sus costumbres, sus hábitos, sus gustos, sus odios, sus amores, sus anhelos,… Ha escrito, para deleite de muchos, su canción más larga. Ni más ni menos.

Anoche, cuando por fin llegué a la última página del libro, y después de hacer mi pequeño ritual, que hago sin falta al terminar cada lectura, había un sentimiento que predominada por encima de todos los demás: ternura. Ese es el sentimiento predominante es esta historia que habla de padres e hijos, abuelos, hermanos, vecinos, amor y desamor. No le faltan, tampoco, episodios imposibles que te arrancan sonrisas y te hacen ver, con mucha más claridad, que se trata, en efecto, de un canto a la vida.

Según iba avanzando en mi lectura, yo, forofa de Perales desde que mi primo Juan me puso en su tocadiscos un LP suyo hace mucho, iba recordando las tiernas y nostálgicas letras de sus canciones en cada línea. Incluso, en una de las historias que se nos cuentan, tenemos la letra exacta de una parte de la canción de La llamaban loca, que el autor compuso para Mocedades hace ya unos cuantos años.

Dedicado a los amantes de sus letras y a los incondicionales de su música, La Melodía del Tiempo, nos lleva directamente al asiento de la primera fila de cualquier teatro; allí, José Luis Perales, en exclusiva para cada uno de nosotros, nos canta este libro que resume toda una vida.

Os regalo este párrafo, que me robó una sonrisa de ternura tremenda y me recordó no pocos momentos de mi vida, mientras sonaba de fondo, “Y sigo enamorado”.

“Cuántas  escenas de amor habrá contemplado. Cuántos besos. Cuántos abrazos de adolescentes  antes de que se encendieran las luces de las calles al anochecer, hora de llevar a las chicas a casa.
Y cuántas despedidas…”.

Feliz lectura, bss.

sábado, 16 de enero de 2016

Reconocimiento Ahínco para El Blog de Isa Pérez.



Reconocimiento Ahínco para El Blog de Isa Pérez.

Empiezo el sábado entusiasmada ante varias buenas noticias para mí, entre ellas la alegría por haber sido nominada por el blog Carmen en su tinta al Reconocimiento Ahínco.

El significado de este premio es reconocer y agradecer a autores que se enfrentan casi a diario a una hoja en blanco virtual y la van llenando con pensamientos propios para gozo y disfrute de los lectores de sus entradas.

Las normas son sencillas:


- Agradecer públicamente a la persona que te nomina.

- Nominar a cinco bloggers.

- Notificar a tus nominados.

- Situar el logo en tu blog.

- Explicar por qué sientes la necesidad de publicar tus escritos.

Agradecimiento público:

Carmen en su tinta, blog con el que disfruta de las letras mi colega Carmen, una fantástica granadina con sede vacacional en mi adorada Águilas, y a la cual no tengo el placer de conocer en persona, me sorprendió ayer con esta nominación al ahínco, lo que me emociona, ya que ciertamente, cada día trabajo en este proyecto con más seriedad y gusto. Así que, Carmen, mil gracias por esta alegría tan maravillosa. Espero poder seguir llenando páginas en blanco para gusto de mis lectores. Gracias, gracias, gracias.

Mis nominados:


Carmen en su tinta

Murcia Descalza

Piensa diferente, actúa diferente

El Rincón de las Páginas

Bajo la piel de un lector

¿Por qué siento la necesidad de publicar mis escritos? Cada día me levanto con mil cosas en la cabeza y hay una de ellas que me produce cierto placer: sentarme a escribir lo que me ronda el corazón, es el momento para mí que todos deseamos tener. Yo lo he encontrado y, quizá por que también soy una empedernida lectora, no puedo ya pasar sin él. Seguiré escribiendo hasta que me lo dicte el corazón, y espero veros por allí a todos.

Gracias de verdad por este reconocimiento, en especial a Carmen, que me ha guiado sin saberlo muchas veces.


Bss.


Relato Ganador del XXIII Concurso Literario Carnaval de Águilas 2016.

Magia en Carnaval.

Con mucho cuidado, se asomó a la estrecha calle que daba justo a su habitación. Estaba dormido cuando le sorprendió el rumor que a lo lejos se oía y que cada vez parecía estar más cerca. Ya en la calle, miró al cielo; buscaba a la Luna para preguntarle qué era aquello que le traía a la memoria algún que otro fugaz recuerdo que no conseguía que su mente lograra identificar. La Luna, sonriente al ver la sorprendida cara del diminuto Lándacron, le indicó, con un gesto casi imperceptible, que debía asomarse a la larga calle que cruzaba por encima de sus cabezas, hacia el centro. Él, pequeño como era, siempre temía que alguien le pisara, pero le pudo la curiosidad. Se encaminó hacia la plaza en la que, majestuosa, reinaba la Pava de la Balsa, engalanada para la ocasión. Todo el pueblo estaba allí; los muchachos saltaban y se lucían ante las mozas, dando locas piruetas al son de un embrujo que, sin cesar, anunciaba alegre “¡Carnaval, Carnaval!”, y Lándacron notaba cómo sus piernecitas, cortas y finas cual alambres, querían llevarle hacia el gentío, dando pequeños saltitos que le empujaban a bailar, bajo el hechizo de la música.

Como no veía bien debido a su escasa estatura, decidió subirse a uno de los cuatro enormes ficus que se alzaban en las cuatro esquinas de la plaza, dándole un aire misterioso a lo que sucedía más allá de sus fronteras. Fue entonces cuando los vio, magníficos, orgullosos, blancos como la nieve. Como sacados de un cuento de hadas, se acercaban al trote dos hermosos corceles, cual reyes de ese reino que era Águilas esa noche; danzaban sin descanso a ritmo de samba en dirección al Ayuntamiento de estilo neomozárabe que presidía la ciudad y que, esa noche, también se veía vestido de luz y color para recibir a tan ilustres personajes.

Lándacron se preguntaba quién vendría en la carroza de la que tiraban los caballos. Parecía un carro sacado de la misma Grecia Antigua y, sobre él, lo más bello y hermoso que había visto en su vida: el deleite y el deseo unidos en un rostro de mujer, cuya mirada arrancaba destellos a los astros; una Musa vestida con las más ricas prendas que nadie pueda imaginar. En su cabello, finos y delicados hilos de oro se enroscaban en una larga trenza; en sus ojos, filigranas de cristal; y, en sus labios, una sonrisa que abriría las puertas del mismísimo paraíso. No había nadie en este mundo ni en el otro que pudiera resistirse ante tan bella dama. El símbolo de la ciudad, un águila dorada con las alas extendidas al firmamento de esa maravillosa noche, acompañaba a la Musa en un cetro de oro, que ella asía con fuerza, mientras saludaba, alegre, a todos los que aplaudían a su paso y le lanzaban vítores alabando su hermosura.

Los corceles llevaron tan preciada carga hasta su destino acompañados de una corte que vestía ricas telas de lentejuelas, piedras preciosas y laboriosos tocados que refulgían al reflejar las estrellas que se asomaban al cielo infinito para disfrutar del espectáculo.
Lándacron se sorprendió al descubrirse llorando; el ver tanta alegría, tanta vida, le había hecho darse cuenta de que él sólo era un pequeño duende sin nadie más en el mundo que su Luna: únicamente ella podía verlo. Triste, la miró. 

"Luna, ¡ay mi Luna! ¿Qué es esto que me has obligado a ver y que ahora me causa este desgarro, esta asfixia? ¡Cómo desearía salir a bailar, a cantar, a gozar! ¡Cómo me gustaría poder ir allí con ella, con mi Musa, y gritar a los cuatro vientos que la vida no es nada sin Carnaval! Porque, ¿es eso verdad? ¡Es Carnaval! Shhh, espera, no digas nada… Ahora me acuerdo, aunque los recuerdos me vienen poco a poco. ¡Tanto ruido de carracas y tambores nublan mi mente! ¡Oh, Luna! ¡Dime, por favor, qué me pasa! ¿Soy acaso un pobre infeliz que no merece siquiera descubrir la emoción de ser un hombre y poder bailar con ella? ¡Con mi Musa hermosa que, curiosa, se asoma al balcón, a ese balcón que todos llaman el de los Sueños! ¡Mira cómo se divierten, cantan, saltan y recantan! ¡Cómo la vitorean mientras ella recita su bienvenida! ¿Se puede ser más bonita, Luna?".

Mientras el pequeño duende permanecía en la copa de aquel hermoso ficus que parecía dividir la realidad del mundo de fantasía que allí se había creado, la Luna, tierna como era, le dijo en un susurro: "Escucha pequeño, escucha cómo la multitud llama enfebrecida  a otro de los personajes de este Carnaval, escucha".

Miles de voces gritaban al unísono llamando a alguien que aún no se había presentado en la concurrida plaza y que debía ser, a juzgar por los cánticos acompasados de la gente, alguien imprescindible en esta historia. "¡Don Carnal, don Carnal!", se oía sin cesar. Incluso la extraordinaria Venus que se hacía pasar por ninfa erigía el cetro dorado de Águilas animando a los allí congregados a cantar ese nombre. "¡Don Carnal, don Carnal!".

Lándacron volvió a mirar a su confidente sin comprender qué estaba pasando, por qué ese tal Don Carnal no aparecía. Desde luego, si fuese él el llamado a bailar con la mágica diosa del Carnaval ya estaría allí sosteniendo su linda mano adornada con lentejuelas.
"¿Dónde está aquel al que llaman, bella Luna? ¿Quién es ese tal Don Carnal?". "Cierra los ojos, pequeño. Escucha esas voces y deja que tu mente se abra al mundo que allí duerme desde hace tiempo. Deja que ellos, los que aquí proclaman el reinado de Don Carnal, devuelvan a la vida a lo mejor del Carnaval".

Y así lo hizo. Cerró sus ojos azules como el mar y se dejó mecer por la aterciopelada voz de su amiga. 

"Cada año, en este bonito lugar al que llamamos Águilas, se repite, desde hace siglos, y siempre antes de que se inicie la Cuaresma, la fiesta por excelencia del descontrol y la permisividad, de la música y el gozo. El Carnaval es un canto a la vida, a las ganas de disfrutar; son los días en los que todos los aguileños, niños y no tan niños, salen a la calle con el deseo irrefrenable de saltar, bailar, ¡reír sin parar! Rellenan de papelillos los cascarones que han ido guardando durante el resto del año para venir, hoy, a la Glorieta, a lanzarlos hacia las nubes; salen con sus disfraces, el confetti, la cuerva…, para animar sin parar a los personajes que representan esta fiesta. Ahí, en ese Balcón engalanado de sueños, tienes a la que es hermosura y belleza, la Musa, la reina. Luego está la Cuaresma, que ansiosa espera el final de las fiestas para comenzar ella su gobierno de cuarenta días; no olvidemos a la Mussona, la dualidad formada por lo humano y lo animal, que representa, desde la antigüedad, la unión entre lo salvaje y lo civilizado. Por último, tenemos al ansiado Don Carnal, el rey entre los reyes, dueño y señor de la risa, la juerga y el gozo que se viven durante estos días a la orilla del Mediterráneo. Don Carnal..., ¿recuerdas, duendecillo?". 

Ante sus ojos, como si de un embrujo se tratase, Lándacron vio cómo su nombre se desdibujaba y las letras empezaban a danzar colocándose, de repente, de manera desordenada: D O N C A R N A L. ¡No podía ser! ¿Su nombre, su bonito nombre de duendecillo que las hadas, laboriosas, habían tejido en la colcha que calentaba su cama, no era otro que Don Carnal? ¿La gente lo llamaba a él? ¿Todos ellos le esperaban? 

"No puede ser Luna, ¡es imposible! No soy más que un pequeño ser, ¡no podría jamás hacerme ver! Ellos son como gigantes a mis ojos; es imposible que deseen ser gobernados por algo tan insignificante como yo". "Déjate mecer, querido amigo, déjate llevar hasta la muchedumbre que, ansiosa, espera tu llegada, antes de que, rápido, llegue el Miércoles de Ceniza y, con él, la soberanía de la Cuaresma, condenándote de nuevo, un año más, al olvido de estos días en los que prevalece el júbilo, el alborozo y la música; antes de que, una vez más, tu memoria se desvanezca en un mar de oscuridad hasta que llegue el próximo año y, con él, su Carnaval. ¡Ve raudo hacia él!".

El cuerpecillo de Lándacron fue cayendo despacio hasta tocar el suelo. La multitud, asombrada ante tan impactante entrada en escena, permanecía muda mientras se abría un hueco en el centro, justo a las puertas del Ayuntamiento, bajo el balcón donde una Musa ansiosa esperaba la llegada de aquel al que acompañaría durante esos días. Al abrir los ojos, un sorprendido Don Carnal se reflejó en los espejos multicolores que decoraban el carruaje de la tan deseada Musa; ya no era un duendecillo de ojos azules, con piernas de alambre, sino que se había convertido en un hombre. Era un Carnal bello, hermoso; sus ropas eran de un azul que asemejaba el cielo nocturno; su pecho iba protegido con una hermosa armadura del color de la Luna y en su cabeza, victoriosa, una corona a juego con la de su diosa. Sus ojos, más brillantes que nunca, bailaban felices al son de "¡Don Carnal, don Carnal!" que, de nuevo, comenzaba a sonar. 

"¡Soy Don Carnal, y aquí vengo a festejar que por fin llegó, un año más, nuestro increíble Carnaval!", gritó.

Y levantando la vista hacia la preciosa balconada, danzó  al son de la canción que, un día, encumbró al Carnaval Aguileño a lo más alto, convirtiéndolo, por fin, en un evento internacional.
 

La Generación del 76 cumple 40.

Artículo publicado en La Actualidad de Águilas en su edición del 15.01.2016

TITULO: La Generación del 76 cumple 40.
AUTORA: Isabel María Pérez Salas.
https://elblogdeisaperez.blogspot.com.es


Hace ya muchos meses, me propuse regalar a mis amigas un precioso escrito con el que felicitarnos por haber llegado, todas, vivas y de una pieza, a estos felices 40 que, este año, iremos cumpliendo una a una. Me propuse hacerlo de la mejor manera que sé, dejando mi corazón al aire, sin tapujos; haciendo, simplemente, lo que sé hacer.

Hoy cojo papel y lápiz, me siento en casa, y adopto la postura del pensador, ya que, a pesar de que sé lo que me gustaría escribir, me está costando. Será, quizá, que el desafío es grande y difícil, porque, ¿cómo expresar tantas emociones, tantos recuerdos? ¿Cómo plasmar, sin resultar cursi o pedante, tantos sentimientos? ¿Cómo rendir un justo homenaje a estos cuarenta años de vida?

“Primero, pienso, voy a dar un pequeño repaso para situarme en la España que nos vio nacer, una España en pleno cambio; una España que dejaba atrás, definitivamente, la dictadura franquista para enfrentarse a la transición y al cambio democrático que culminaría con la instauración del Estado de Derecho de la mano del Rey Don Juan Carlos I de Borbón”. Tuvimos suerte: nacimos en una sociedad que caminaba unida hacia una recién descubierta libertad, llena de esperanzas y sueños por cumplir.

El 76 fue un año bisiesto, mágico. Fue, también, el Año del Dragón de Fuego, único animal místico del calendario chino, que representa fuerza, salud, armonía y buena suerte, y define, a los nacidos bajo este signo, como personas tolerantes y creativas. No me canso de decirlo: somos una generación “con suerte en los bolsillos”.

Dando un repaso por los hechos políticos y sociales más relevantes de ese 1976, encuentro que fue el año del primer vuelo comercial del Concorde; Falange Española y las JONS se convirtieron en partido político, entró en vigor el Pacto por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en España y los GRAPO liberaron al presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol y Urquijo, secuestrado dos meses antes. Leo, también, que se inauguraron la autopista Oviedo-Gijón-Avilés y el campo de fútbol de Vallecas; que dimitió de la presidencia Carlos Arias Navarro, dando el bastón de mando del país a don Adolfo Suárez, lo que marcó una época y a toda una generación; y que las Cortes aprobaron en Madrid la Ley para la Reforma Política, ley que se sometió a referéndum en diciembre de ese año. 

Tristemente, leo que también recordaremos 1976 por ser el año que nos privó para siempre de Agatha Christie, inigualable novelista de misterio, y Cecilia, cantautora maravillosa. Ese año, también a mí, me privó de que mi abuelo, Salvador Salas Pernías (Salas, el de las Gaseosas), me achuchara cuando nací, aunque mi madre se ha encargado todos estos años de que le conociera casi a la perfección. Descansa en paz abuelito, también tu marcha cumple 40.

Durante ese 1976, nuestra familia se engrandeció con la llegada de Lucía Salas, Marta Díaz (mi prima de Sevilla), Maido Simó y yo, las cuatro casi seguidas; las cuatro, hoy, buenas amigas. Fuimos inseparables unos años, los mejores de la niñez y de la adolescencia, y hoy, somos compañeras de camino hacia la mejor década que vamos a tener, estoy segura. A las cuatro nos unen lazos de sangre; las cuatro, de la mano, hemos crecido compartiendo momentos, buenos y malos, la madurez nos ha hecho querernos de otro modo. Ya no hay tirones de pelo, ni "¡tú te la quedas!"; ya no se oyen en la calle Canalejas gritos de angustia por no poder jugar, ni risas jocosas al reírnos del que se ha caído y se ha hecho un chichón, o del que ha perdido el juego de turno. Ahora, sólo hay conversaciones serenas, reposadas; sólo hay preguntas discretas y respuestas pensadas, sensatas. Sólo hay tranquilidad y buenos consejos regados, a veces, con una copa de vino mientras escuchamos a la otra. Ahora, hay un amor maduro y dulce, tiernos abrazos y grandes momentos. Claro, a la orilla de los cuarenta no puede ser de otro modo.

Durante años, he intentado adivinar cómo seríamos a los cuarenta; si nuestras vidas seguirían siendo las mismas; si, a los cuarenta, tendríamos estabilidad, hijos. Si seguiríamos unidas. Si nuestras vidas irían paralelas o, por el contrario, aun siendo amigas, ya no seríamos de las que se llaman a todas horas, cosa inimaginable por aquel entonces. Porque, ¿cómo imaginar una vida futura sin tus almas gemelas? Leía hace unos días que, si una amistad supera los ocho años de antigüedad, durará para toda la vida. Y bien cierto que es: mi vida entera la he pasado con ellas.

Ha pasado mucho desde que empezamos a soñar con estar juntas para siempre... Todo empezó en el colegio; en mi caso, en María Inmaculada. Allí, forjamos el camino que todas seguiríamos, juntas o no, hacia esta vida que hoy celebramos. Allí, tuve amigas que luego perdí y que, ahora, a punto de traspasar mi cuarta década de vida, he recuperado: Carmen Lajarín, Isa López, María del Mar Gallego, María José Giménez, Encarnita Cano, Conchi Carrillo, Pepi Soto, Toñi Ibáñez, Juani Coronado, Beatriz Molina, Silvia López, Cielo, Isa Carrasco, Vicen, Isa Guijarro, Cati López, Loli Martínez, Toñi Martínez, Toñi Muñoz, María José Peralta, Isa Sánchez,... Son tantas que seguramente me dejo a muchas por el camino. Todas ellas empezaron junto a mí con un baby de cuadros, la nariz llena de mocos y alguna que otra lágrima en el aula de Sor Eulalia. Y nunca imaginamos una vida en la que hubiéramos existido fuera de allí. 






Y luego llegaron ellas, mis almas gemelas, mis compañeras de camino, mis amigas; las que me han soportado, ayudado, escuchado, gritado y querido, a pesar de todo: María José Muñoz (mi Perula), Ana M. López, Rosa Jerez, Sandra Rodríguez, Ana Belén Espinosa, Anabel López, Marta, María Dolores Pérez García, Sole Gil, Mari Carmen Moreno, Eva Pérez Romera, Encarnita Rubio, Sabina Segura, Elena, Begoña Navarro, Montse Martínez, Isa Paredes (aunque a ella aún no le tocan los 40)... 1976 nos unió con el lazo de la vida, sin saberlo aún, para reunirnos poco a poco. Con algunas, ya cambiaba cromos en el cole; con otras, me tropecé al inicio de mi adolescencia mientras jugábamos a ser las Delta 7 en el instituto; y, otras, son amigas que gané en mi madurez. Pero todas ellas son irreemplazables; no concibo un mundo en el que me falte alguna. Cada una aporta a mi vida algo imprescindible para mí, sin lo que no puedo imaginarme; su mera existencia alegra mi recuerdo. Nos separan, a menudo, muchos kilómetros de carretera; nos encontramos a veces, con suerte, un par de horas después de meses sin vernos. Y todo, absolutamente todo, nos hace volver a esos años en los que los sueños eran gratis, los desamores eran como un puñal clavado directamente en el corazón, las risas eran la música de nuestras vidas y la espalda de las otras eran los muros en los que escribíamos nuestras penas, alegrías, amores, encuentros y desencuentros que vivíamos.



Este año celebramos que la vela de nuestro pastel de cumpleaños será la primera de los nuevos treinta que cumplimos; celebramos que lo mejor está por llegar. Que hemos seguido avanzando sin rendirnos; que hemos reído, llorado... Que nos hemos caído y hemos podido levantarnos y seguir caminando. Que, siempre, nos hemos tenido. Que, siempre, nos hemos ayudado y que, incondicionalmente, nos hemos querido y, nunca, olvidado.

A pesar de que este escrito está dedicado a ellas, a las cuarentonas del 76, no quiero terminar estas líneas sin felicitar a cuatro de mis amigos, que celebran también que este año es un año de cambio de dígito: Lucio Fernández, Manolo Sansegundo, Alejandro Alcázar, Julio Ramos y Paco Dólera, imprescindibles, también, en mi vida.




Felices 40, chic@s.

domingo, 10 de enero de 2016

De profesión, desmotivado.

Lo que me ha motivado a escribir y a indagar un poco sobre los efectos de la motivación ha sido, desgraciadamente, la falta de ella.
Cada día, al levantarnos de la cama para acometer nuestra actividad diaria, ya sea por placer,
por necesidad o por obligación, nos ponemos en manos de la bien llamada ​motivación​, palabra
derivada de las latinas ​motivus​ o ​motus​ (causa del movimiento), que ha sido definida por
diversos autores como “un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta”.  


Ciertamente, uno de los motores principales de creación de esta motivación somos, en efecto, nosotros mismos: todo depende del valor que le damos a lo que hacemos. Punto importante y crucial para empezar: si yo no valoro en su justa medida lo que hago, cómo lo hago, por qué lo hago,… nadie lo hará, y en el momento en el que pierdo de vista estos impulsos empiezo a caer en la desgana, la dejadez, la pereza… El dejar de sentir en mi interior esta motivación que hace que me coma el mundo es causa directa del deseo de dejar de hacer lo que ya no me produce placer o ya no es para mí una meta o un reto. Dicen los expertos que la motivación que reside en nuestro interior viene dada por el autodeseo de buscar nuevos desafíos y por la capacidad de observar y adquirir nuevos conocimientos. Y creo que tienen toda la razón.
¿Os va sonando esto? Sigamos.
Muchas son las teorías que circulan alrededor de este sentimiento que guía gran parte de nuestra vida y muchas son, también, las hipótesis y las maneras de ver lo que provoca el estar o no motivado. Muchos estudiosos, que se han visto igualmente motivados para definir este estado, han llegado a la conclusión de que hay dos tipos de motivación: una interna y otra externa y que cada una de ellas es contraria a la otra. La primera de ellas implica a los llamados impulsos, que son los que nos van guiando hacia fines determinados o hacia metas marcadas por nosotros mismos o por otros, que influyen de manera externa en nuestra vida y nos ayudan a persistir en nuestros deseos hasta lograr su consecución, lo que podemos relacionar con las palabras voluntad e interés. En el lado contrario, según nos explican, está la motivación externa  que se sostiene por el deseo de conseguir un resultado determinado, como ganar o vencer a los demás, que viene siempre acompañado del aplauso del público y de alguna que otra recompensa.
Yo, por supuesto, no soy estudiosa de este campo, ni lo pretendo, pero sí que he llegado a la conclusión de que en cierta medida, ambas van juntas o, al menos, sí que influye la una en la otra de algún modo. Porque, ¿quién no se ha automotivado para lograr el aplauso del público en algún momento? ¿Quién no se ha automotivado para vencer y lograr el triunfo en alguna empresa?
Pues eso.
Bien, dicho esto, voy a centrarme única y exclusivamente en la motivación laboral o profesional. Venía, hace unas semanas, de vuelta de una jornada laboral especialmente desalentadora escuchando en la radio a una psicóloga que explicaba cuál era, muchas veces, el origen de la desidia que ataca a muchos profesionales de cualquier ámbito al cabo de unos años. Decía, y estoy absolutamente de acuerdo con ella, que muchas veces son las propias empresas las que dejan de lado a determinado tipo de trabajador desoyendo a menudo lo que su capacidad puede ofrecer, haciendo que se sienta básicamente un cero a la izquierda y no ayudándole a desarrollar su capacidad laboral y demostrar todo lo que sabe y todo lo que es capaz de hacer, favoreciendo de este modo la falta de productividad, la aparición de pensamientos limitantes y la sensación de desánimo que termina afectando, en muchos casos, a la propia salud.
De acuerdo no, lo siguiente.
La motivación en el trabajo es la unión de la energía que se origina tanto dentro del individuo como fuera de él, dando lugar a la unión de ambos tipos de motivación que antes os comentaba. Un personal altamente motivado puede aportar a la empresa para la que trabaja, ya sea grande o pequeña, ideas creativas e innovadoras que pueden generar éxito a la organización en general o al grupo de trabajo al que pertenezca el individuo en particular. No es lo mismo levantarse cada mañana antes de que salga el sol sabiendo que vas a sentarte en una mesa en la que no vas a poder desarrollar tu potencial como trabajador y que el trabajo va a ser el mismo que ayer e idéntico al de mañana, días tras día, semana tras semana, año tras año, que hacerlo empujado por las ganas de triunfar que se sienten al saber que estás sentado en la mesa correcta para conseguir dicha meta. La mesa es muy importante y el ambiente de trabajo, unido al grupo que lo conforman, lo es aún más, ya que las oportunidades, además de buscarlas, necesitamos crearlas.
Es, por tanto, indispensable, tanto crear motivación en tu interior como sentirte motivado en tu entorno, ya que, si no puedes demostrar lo que sabes, lo que aprendiste…; si lo único que puedes hacer en tu entorno de trabajo es luchar por una oportunidad que no llega, al final, te quedarás sentado en la mesa de la desmotivación,  ya que el desgaste que se sufre intentando mejorar, intentando alcanzar metas día tras día, al final es tan grande que terminamos sintiendo que no merece la pena; nuestra fuerza de voluntad desaparecerá, perdiendo, por supuesto, la confianza en nosotros mismos.
Y eso, queridos lectores, es lo peor que le puede pasar a alguien en su vida laboral. Es como amar y no ser correspondido, pero a escala salarial.
Os deseo que nunca perdáis la motivación-ilusión y que luchéis cada día por sentiros útiles y valiosos. Aunque no os sintáis motivados para ello.
Bss.




lunes, 4 de enero de 2016

Llega la Navidad, La Actualidad 31,12

TITULO: Llega la Navidad…
AUTORA: Isabel María Pérez Salas
https://elblogdeisaperez.blogspot.com.es

Como cada año al llegar la Navidad me invade el espíritu festivo con todos sus componentes....

http://www.la-actualidad.com/articulo/01022016/articulo-de-opinion-llega-la-navidad


Ella, él y el mar.

La habitación se hallaba tenuemente iluminada por la bailarina luz de cuatro velas situadas bajo una pequeña ventana. El espacio, aunque pe...