sábado, 29 de julio de 2017

Canción para Pablo.


Dedicado a un aguileño que soñó con navegar toda la eternidad en las cálidas aguas que bañan tus costas, dedicado a un aguileño que soñó con volver…

Te abracé fuerte, como cada noche.
Mi aliento calentaba tu cuello,
mis besos, tiernos,
se deslizaban suavemente desde mis labios a tu piel.
Como único testigo, silencioso y fiel,
el Peñón del Roncaor,
presenciaba, inerte, cómo el Mediterráneo,
mecía nuestra cuna de amor.
La vieja Pescadería se alzaba, orgullosa, a la orilla de un mar
que esa noche nos vio brillar
bajo el manto dorado
de un cielo estrellado.
“Ven”, dijiste, “vamos a navegar hasta llegar a alta mar.
Desde allí, verás cómo mi Águilas abraza la noche, amorosa,
en espera de que el alba despunte en el horizonte
y, desde el Castillo de San Juan,
acurrucados, seamos los invitados
del glorioso amanecer de mi bello pueblo.
Desde allí, veremos cómo el Sol nace tras la Isla del Fraile…”.
Y en aquella vieja barca, frente a la Bahía de Levante,
con la hermosa luna de verano iluminando el viejo Faro,
con el Pico de L’Aguilica al fondo,
cantamos la canción del amor eterno.
Águilas observó, tierna y callada,
cómo fue, desde entonces, la aventura de amarte.
Volvimos después cada año,
cada verano compartíamos el rumor de las olas
rompiendo en la falda del Castillo.
Envejecimos juntos, de la mano, amándonos.
Paseamos por la vida soñando con el mañana, pero viviendo el hoy.
Hasta que mi aliento dejó de calentar tu cuello.
Te fuiste una noche mientras soñabas con esa barca,
con esa playa, con cada glorioso amanecer.
Te fuiste una noche mientras soñabas con aquella luna,
con esas mañanas que iluminaban tu mirada,
mientras me decías “es cierto, es Águilas la luz de España”.
Te fuiste una noche, sonriendo, feliz,
mientras navegabas en tu “Aventura”.
Ahora, recorres el lecho azulado del mar,
desde Cabo Cope hasta La Carolina,
haciendo un guiño a la Playa de La Colonia en el Paseo de Poniente,
que te vio nacer y crecer,
A Los Tres Pasos del Moro y la Torre del Homenaje,
a la vida que pasó…
Así navegas ahora por esas aguas cálidas, transparentes, 
reflejo del cielo que vigila Águilas,
viviendo la eternidad de nuestro amor aplazado,
esperando, como un delfín enamorado,
que la corriente te lleve hasta la sirena que,
ansiosa por el regreso de su marinero,
canta por los años que quedaron sin vivir,
mientras el Mediterráneo se acurruca junto a ella
en La Cama de los Novios, y el horizonte se desdibuja,
lentamente, al caer el día.

Publicado en Libro de Verano de Águilas 2017 (pág. 32).


Isabel María Pérez Salas.



domingo, 9 de julio de 2017

Un Oasis...

Coincidiréis conmigo en que, en ocasiones, las redes sociales nos ayudan muchas veces a conocer gente que merece la pena. Aunque a veces nos gustaría ser capaces de cortar con ellas al más puro estilo pirata, es decir, cortando la cabeza de nuestro Twitter, Facebook o cualquiera de ellas (recientemente he descubierto que hay algo así como tropecientas mil que no conocía, ahí es nada), otras nos descubren mundos, gentes o cosas que terminan por formar parte de nuestra vida, aunque solo sea de manera virtual, y nos acercan más a todo aquello que de otro modo nunca llegaríamos a conocer.

Pues bien, en mi caso o, mejor dicho, en el caso del blog, tengo que reconocer que estas herramientas, casi de trabajo para mí en esta parcela de mi vida, han sido las descubridoras de grandes personas y de muchas oportunidades que nunca me cansaré de recordar. Y os voy a contar el motivo de estas líneas…

Es cierto que a veces te gustaría conectar/ contactar con alguien al que continuamente lees en alguna de estas redes sociales, con alguien que marca algo tuyo con el tan valorado y apreciado “me gusta”, con alguien al que le gustan las mismas cosas que a ti o que le interesan temas que a ti también te interesan, o es alguien al que admiras y con el que te gustaría hablar, pero no te atreves, te da corte, piensas en si le molestará, en si le extrañará, en si le parecerá un absurdo el que lo hagas y al final pasan dos cosas. Lo haces o no lo haces. Lo normal en lo que viene siendo “la vida”, vamos.

Yo era de las que pensaban que no merecía la pena, que nunca conseguiría, por ejemplo, que alguien al que admiraba me contestase o que alguien al que leo continuamente le interesara algo mío. Son esas cosas que pasan que te hacen dudar de ti misma y que muchas veces son las culpables de que nos quedemos son descubrir algo que merece la pena. Gracias a Dios, y a este blog, yo di ese paso adelante hace mucho tiempo y he conseguido contactar de manera exitosa con alguno de mis ídolos, como Pepa Sastre, Pedro Morata, Carlos Goñi, Alberto Comesaña, Luis Leante, Fco. José Motos, Luis Eduardo García y con muchos de mis lectores a los que, a pesar de no conocer personalmente, me he acercado a través de estas plataformas. Y es gracias a uno de ellos, de estos lectores anónimos, de estos ídolos silenciosos y desconocidos, que esta tarde estoy sentada escribiendo este post. Porque a todos nos gusta que nos adulen y El Blog de Isa Pérez ha sido adulado hoy, de lo cual, y como sabéis, siempre me enorgullezco. La frase exacta ha sido “seguiré leyéndote porque eres un oasis en Twitter”, y me ha encantado… Nunca el blog había recibido ese piropo, nunca había sido calificado así. Y creedme cuando os digo que, para alguien que utiliza tan a menudo la palabra paraíso en su vida como yo, me parece de lo más tierno comparar mis escritos con esos mágicos lugares que nos hacen sonreír cuando pensamos en ellos. Yo he sonreído al leerlo, la verdad…

Y claro, después de leerlo, me he puesto en plan creativo… Diccionario abierto, búsqueda iniciada… ¿Sabéis los significados de esta palabra? ¿Sabéis qué es un oasis? Dice el diccionario que, además de ser un lugar en medio del desierto donde los nómadas se aprovisionaban de agua, un oasis es también lo que describimos como un momento de alivio o descanso en medio de una época de penalidades o problemas, algo agradable que encontramos dentro de algo desagradable… Un rato de relax en medio de la vorágine del día a día… ¡Es fantástico! ¿No creéis que es uno de los mayores halagos que podía recibir mi publicación? Más aun teniendo en cuenta que estoy súper gandul y lo abandonados que os tengo… Así que, hoy, me he sentido muy bien al leer eso. Y he pensado que, a veces, no es tan mala idea acercarte a alguien que sabes que está ahí aunque tengamos la pantalla del móvil o del ordenador de por medio. Basta con decir “hola”.

Basta con decir “gracias”.


Bss. 

Ella, él y el mar.

La habitación se hallaba tenuemente iluminada por la bailarina luz de cuatro velas situadas bajo una pequeña ventana. El espacio, aunque pe...