"...Las lágrimas que recorrían el rostro de Sergio caían desordenadas buscando un lugar en el que guarecerse de las palabras que estaba escuchando y que herían su ser en lo más profundo. Un sentimiento de rabia y dolor subió por su estómago sintiendo que, de nuevo, le faltaba el aire y todo se oscurecía a su alrededor mientras volvía a perder el sentido".
"...Ahogó un sollozo que se abría paso hacia sus ojos en forma de llanto. Se dejó caer pesadamente sobre uno de los taburetes de la cocina americana de su pequeño apartamento esperando a que ese malestar pasara. Una vez más...".
"Nunca miraba al cielo, le daba vértigo. Cuando caminaba por las estrechas calles del barrio en el que vivía iba siempre con la vista fija en el suelo, lo que hacía que se perdiera las escasas cosas bonitas que ofrecía esa parte de la ciudad y que no viera nunca las caras de los vecinos con los que se iba encontrando y a los que iba esquivando según veía avanzar sus pies hacia él...". Relato completo en El Poder de las Letras: https://elpoderdelasletras.wordpress.com/2016/07/15/una-pareja-perfecta-i/
Bss.
"Desde que naciera el bebé (ese pequeño monstruo que habíadecidido arruinarle la vida)dormían en habitaciones separadas, ya que ella necesitaba descansar de las “horribles” horas diarias de berridos, pañales llenos de caca, biberones y un largo etcétera de las más desagradables actividades de ama de casa que jamás imaginó que se vería obligada a hacer hasta que se topó con él, con ese hombre que consiguió ablandarle el corazón y la tuvo cuatro años dedicada a él, a sus caprichos, a sus deseos,… ¡Pero que asquito le daba mirarle ahora! No lo soportaba."
"Allí,
sentada, recordé el día que ella llegó a nuestras vidas. Como todos los
abuelos, imagino, pensamos que nuestros nietos son “lo más todo del mundo”,
pero es que ella lo era. Preciosa, redondita, suave.Llegó anunciando su nacimiento con un llanto ensordecedor que vaticinaba su
vitalidad.Tenía un precioso lunar marrón en elcentro de su pequeña frente y,
cuando nos sonrió, en sus mejillas asomaron dos preciosos hoyuelos que harían
de su sonrisa la más bella del mundo".
"Contó los dedos de sus manos y pies, lo limpió un poco y, ahora sí, con una gran sonrisa en los labios, lo llevó hacia ella. La madre tenía los ojos cerrados, el esfuerzo la había dejado exhausta, pero, al oír cómo la enfermera le acercaba al pequeño, los abrió, despacio, con cautela, como si se fuese a romper sólo con mirarlo".