martes, 27 de diciembre de 2016

Microrrelato seleccionado para la III Antología Inspiraciones Nocturnas de Diversidad Literaria.


Microrrelato seleccionado
para formar parte
de la
III Antología Inspiraciones Nocturnas
de Diversidad Literaria.
 
 
Carmen.

Carmen se fue en silencio, dormida,
soñando el sueño de la vida en el que el amor era su invitado.
De su mano colgaba, inerte,
la noche vestida con la esperanza de un nuevo amanecer.
Carmen se fue feliz, sin miedo;
en su boca, solitaria, una última sonrisa que me decía que,
en su sueño,
estaba yo.
 
 
Bss.
 
 
 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Por el año que viene.

Este año que ya acaba empezó para mí felicitando a la generación del 76 por sus cuarenta años de vida. Hoy, 28 de diciembre, Día de los Inocentes, cumplen esos cuarenta dos amigos, los últimos ya de esta generación mía en hacerlo. Así que, antes de nada, quiero felicitarlos desde aquí. Ambos son buenos amigos, aguileños, conocidos y, por qué no decirlo, queridos en el pueblo. Ambos saben que es a ellos a los que van dedicadas estas palabras y ambos también saben que los quiero y que los felicito desde el corazón deseándoles que podamos hacerlo dentro de otros cuarenta, como se suele decir. ¡Feliz día, amigos!

Llega, por tanto, el fin de 2016 con el inevitable balance que cada año por estas fechas nos sentamos a hacer. Para algunos, pesa más en la balanza lo bueno que lo malo, aunque lo bueno haya sido más escaso que lo malo… Quizá en mi caso sea este el resultado. Nunca he tenido muy claro qué debemos poner en la balanza de fin de año, ni cuáles son las cosas merecedoras de estar en ella, ya que, imagino, no todas son pesables o medibles… Lo que sí tengo claro, es que la balanza anual suele llenarse siempre de casi todo lo bueno que nos ha sucedido para evitar así recordar lo no tan bueno. Así, siempre podemos decir que, al fin y al cabo, el año no ha sido tan malo.

Este año que acaba ha sido para mí el año de asumir las pérdidas de 2015 y de recoger, por qué no decirlo, los frutos del esfuerzo, el trabajo y el tesón del año anterior, de avanzar por un camino en el que a veces faltaba alguien y, a veces, alguien sobraba. Ha sido un año de descubrimientos, de lágrimas y risas mezcladas a veces con una canción, un aroma, una emoción… Ha sido un año de grandes momentos de familia, de amistad, de amor y de pasión, un año en el que se han cumplido sueños, pero también se han roto esperanzas, porque lo bueno y lo malo siempre vienen, inevitablemente, de la mano. Y os aseguro que, al final, al sentarme a pensar en ese inevitable balance, ganan las nuevas emociones y los reencuentros. Hace unas semanas, uno de esos fantasmas del pasado que han vuelto a mi vida durante este año, uno de esos reencuentros, me decía que las grandes historias nunca tienen finales a la altura… Bueno, pensé, quizá tenga razón, aunque está claro que los finales de las grandes historias también hay que esforzarse en escribirlos, al igual que cada año que pasa vamos escribiendo un capítulo más de nuestra vida que se va adhiriendo a nuestro cuerpo y nuestro corazón para jamás soltarse. Y, aunque a veces desearíamos no haber tenido que sufrir esas experiencias dolorosas con que la vida nos brinda cada cierto tiempo, tenemos que reconocer que una parte del final de esa gran historia inacabada se la debemos, en gran medida, a esos capítulos que nos hubiera gustado no sufrir, pero que hacen de nosotros lo que somos año tras año. Por todo ello, el año que acaba será para mí un año inolvidable, en el que he escrito otra línea de camino al final de mi gran historia.     

Como muchos de vosotros ya sabéis, una de mis alegrías es un pequeño blog que escribo desde hace ya casi dos años. Así que supongo que también este año toca hacer un balance de lo conseguido y lo alcanzado en sus páginas. Si el 2016 empezó escribiendo para la generación del 76, artículo publicado en este periódico, siguió con el mejor y mayor logro en mi breve y escasa trayectoria literaria: el primer premio de prosa del XXIII Certamen Literario del Carnaval de Águilas, un premio que, si bien no tiene una repercusión mediática a la altura de lo que significa tener un espectáculo reconocido como de Interés Turístico Internacional como es nuestro Carnaval, sí que significó para mí un aumento de energía positiva que me empujó con fuerza a continuar adelante en este pequeño hobby que forma ya parte de mi vida de manera irremediable. Han sido muchas las personas que este año han colaborado conmigo y me han ayudado a llenar líneas y más líneas de ese rincón literario que me enseña a soñar cada día. Algunas de ellas me han enseñado cosas sobre temas que yo desconocía, otras me han prestado sus plumas de manera desinteresada y han llenado huecos de la Sección Basket, otras han compartido un rato de charla conmigo en lo que ya hoy forma parte indispensable del blog en esos “De tú a tú” que tanto nos gusta leer, y otras nos han abierto su corazón para llenarnos de vida. A todos ellos, GRACIAS, hay cosas que jamás se harían realidad sin un poco de ayuda, y yo no hubiera podido llegar hasta aquí sin todos ellos.

Me gustaría acabar este balance de 2016 con un pequeño recuerdo a las ausencias ya asumidas, esas ausencias que ahora, pasado el tiempo, nos hacen sonreír al recordarlas. Por todos ellos, dejadme que brinde “por el año que viene”, que el nuevo año nos traiga algo por lo que luchar, algo por lo que vivir, algo que merezca la pena recordar cuando el final de nuestra gran historia esté completo.

Feliz 2017.






jueves, 8 de diciembre de 2016

Llenándome de vida con Piedad Fernández.

Nuestra invitada vital de la tercera edición de esta sección hecha por vosotros, lectores, es una de esas personas que la vida te pone en el camino y tú agradeces cada día haber conocido. Ella es española, asturiana, ovetense y manchega casi en la misa medida, aunque, como ella nos va a contar enseguida, tiene el corazón un poco dividido.

Piedad, así se llama, tiene unos espectaculares ojos azules que te calan en lo más hondo, aún sin intercambiar una sola palabra. Y lo más importante es que, al mirarla, sabes que tienes delante a una buena persona, a alguien que, sin duda, merece la pena conocer.

Os dejo con ella, os dejo con Piedad Fernández...



EBIP: Para comenzar, ¿qué te parece si nos cuentas algo de ti? Una pequeña presentación…
PF: Pues nací un diez de enero en Oviedo y, aunque soy asturiana, me considero una asturiana con sangre manchega. Tanto mis padres, que viven en Oviedo, como mi marido, son de un lugar de La Mancha que sí quiero acordarme… Se llama Quintanar de la Orden, así que todos los veranos recorríamos los seiscientos kilómetros que separan el tiempo impreciso de Asturias al tiempo asegurado de sol de La Mancha. Durante uno de esos veranos conocí a Jesús, mi marido, y aunque estuvimos tres años separados por esos seiscientos kilómetros, al final encontró trabajo en Oviedo. Nos casamos otros tres años más tarde y aquí seguimos, en Oviedo, con nuestros dos hijos y todos los veranos, Semana Santa y Navidades, volvemos a La Mancha.
Sigo quedando, muy de vez en cuando, con mis amigas del colegio, esas que conoces desde que tienes cuatro años y que, aunque tardes meses en ver, parece que hubieras hablado con ellas todos los días. Estudié Químicas, mi pasión desde los ocho años, y aunque no he encontrado trabajo relacionado con ello, puedo decir que estudié lo que verdaderamente me gustaba.
Actualmente, busco “desesperadamente” trabajo, pero quieta no estoy, hago manualidades, estudio y, sobretodo, “peleo” con un adolescente y un pre-adolescente, que no es poco.

EBIP: ¿Qué te apasiona en la vida?
PF: ¡Ella misma! La vida es apasionante o, por lo menos, a mí me lo parece. Los cambios que damos las personas, con los años, tanto física como mentalmente… El cómo dejas de hacer cosas sin más y haces otras nuevas según la edad. La vida es apasionante…

EBIP: ¿Morirías por ella? Es decir, ¿morirías por tener una vida apasionante?
PF: Igual que hacemos unas cosas y dejamos de hacer otras por la edad o la situación de cada uno, la vida tiene un principio y un final. Lo bueno sería irse habiendo sido feliz y habiendo conseguido los logros que nos hayamos marcado en esta vida.

EBIP: ¿Qué hace que tu estómago baile?
PF: Mi estómago baila y mis ojos lloran, va todo junto. Sea bueno o malo. ¡Yo soy de las que lloran con Pretty Woman! En serio, muchas cosas, sobretodo cuando se consiguen las metas que nos vamos marcando día a día, las de mi familia, padres, suegros, hermanos, cuñados, sobrinos, …

EBIP: ¿Qué llevas en tu mochila siempre que sales de viaje?
PF: ¡Una maleta llena de “por si acaso”! Mi libro electrónico cargado de batería y novelas. Y, siempre, la ilusión de conocer nuevos lugares y costumbres.

EBIP: ¿Una buena tarde de cine, una buena tarde de lectura o ambas?
PF: Una buena tarde de lectura, y si es al calor de la chimenea y que mi hijo pequeño me acompañe con acordes de guitarra, pues no necesito más.

EBIP: La sociedad española está, desde hace unos años, en un cambio constante, aunque no sabemos exactamente hacia dónde se dirige ese cambio, al menos, a mí me tiene despistada... ¿Qué opinas de este cambio en desarrollo? ¿Crees que va hacia algo positivo o simplemente nos estamos dejando llevar por la inercia que nos marcan uno cuantos?
PF: Quiero pensar que va hacia algo positivo, pero no sé qué decirte. Mientras seamos personas, luchemos por ser personas y pensemos que estamos rodeados de personas como nosotros, creo que todo irá bien. Eso quiero pensar. Creo que con esto se resume todo lo que está pasando en la actualidad, en la política, en la sociedad, en las familias, en los países y en todos los ámbitos.  Tenemos que tener claro que, si cada uno pensamos en lo nuestro y creemos que todo es sólo para mí, la cosa irá mal. Pero sigo teniendo fe en las nuevas generaciones.

EBIP: ¿Crees por tanto en el buen hacer de la humanidad?
PF: Sí. Como te dije antes, tengo fe en las nuevas generaciones, aunque creo que no se lo estamos poniendo muy fácil. Deberíamos aplicar aquello de “debemos satisfacer nuestras necesidades sin comprometer las de las próximas generaciones”.

EBIP: Te invito a contestar el test del blog. Adelante, Piedad.
PF: Allá voy…
Un color: verde.
Una fragancia: el olor a humo procedente de las chimeneas en mi pueblo de La Mancha, el olor al calor del hogar.
Una canción: I want to break free, de Queen.
Un sentimiento: la sinceridad.
Un libro: Rimas, de Bécquer.
La compañía perfecta: mi marido y mis hijos.
Un lugar: sin duda, Oviedo.

Diréis que soy muy repetitiva en mis despedidas, pero es cierto que leer este tipo de cosas tan personales de mis lectores y amigos me llena de una inmensa alegría, ya que conseguir que alguien que no está habituado a escribir sea capaz de sentarse delante del ordenador o de un cuaderno, abra su corazón y nos cuente lo que por él transita, es un gran éxito para mí. Piedad además, nos ha dejado la despedida perfecta…

“Si se puede añadir un comentario a la entrevista, decirte Isa, que es una idea fabulosa, se queda una muy relajada. Espero que tengas muchos éxitos en tu andadura literaria”.
Y yo, para agradecérselo, he acudido rauda y veloz a una de mis Rimas de Bécquer favorita, la número XI…

“Yo soy ardiente, yo soy morena,
Yo soy el símbolo de la pasión.
De ansia de goces mi vida está llena;
¿A mí me buscas? No es a ti, no.

Mi frente es pálida, mis trenzas de oro;
Puedo brindarte dichas sin fin;
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas? No, no es a ti.

Yo soy un sueño, un imposible,
Vano fantasma de niebla y luz,
Soy incorpórea, soy intangible;
No puedo amarte. ¡Oh, ven, ven tú!”

Nos leemos en el próximo Llenándome de vida…

Bss.




Ella, él y el mar.

La habitación se hallaba tenuemente iluminada por la bailarina luz de cuatro velas situadas bajo una pequeña ventana. El espacio, aunque pe...