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Entradas

El abuelo y la nieta.

Sin hacer ruido, entré. Me senté junto a su cama en la bonita mecedora azul que le habíamos regalado en su último cumpleaños y que ella siempre llamaba "la sillita del abuelo". Allí, mirándola mientras dormía, no pude evitar que las lágrimas resbalaran por mis mejillas. "Tranquila", me dije, "deja de llorar. La vas a despertar". Me limpié los ojos con el dorso de mi mano y me dejé caer sobre el respaldo de la "sillita del abuelo", mientras hacía un enorme esfuerzo por relajarme. Fue fácil. En ese cuarto se respiraba tranquilidad, felicidad. Se notaba, nada más entrar, que todo lo que allí había era puro, hermoso, sereno. Sólo se oía la respiración de la pequeña que, ajena a lo que sucedía a su alrededor, dormía plácidamente, mientras soñaba con angelitos. Con su angelito. Con el que iba a velar por ella todos los días del resto de su vida a partir de hoy. Allí, sentada, recordé el día que ella llegó a nuestras vidas. Como todos los abuelos, imagino,…
Entradas recientes

Querido diario:... no sería justo para las miles de cosas que me regala la vida...

Querido diario:No puedo escribir, no soy capaz de ir más allá de un párrafo…Me acuerdo de un post que escribí hace ya bastante tiempo, después de unas vacaciones de verano, que se llamaba “Delante de una página en blanco”. Era el aviso de que mis vacaciones terminaban y, por tanto, volvía a mi vida la rutina de escribir de nuevo con regularidad en el blog. Se iniciaba la temporada de concursos y, con ella, la lluvia de temas, ideas y todo lo demás que casi siempre me ha acompañado, libre en mi cabeza, surgiendo sin más ante la visión de algo o tras una conversación con alguien… Eso me llenaba mucho, lo recuerdo, no tenía la necesidad de hurgar demasiado para dar con algo sobre lo que escribir. De esa época nacieron muchos relatos, muy bonitos, emotivos, tristes o alegres… Pero ahora… No doy con ello. Y es cierto que noto la falta de eso, de esa parte de lo que ha sido mi vida casi tres años. Supongo que todo tiene su fin, aunque a mí no me gustaría que eso pasara. He estado a punto de…

Carnaval, siete días, ¡nada más! (Pregón del Carnaval de Águilas 2017).

Me contaron hace días
que desde el Castillo se veía
a la Pava de la Balsa bailando con alegría.

¿Qué será lo que la divierte?
Se preguntaba la gente.

Será que llegan ya, cantando y bailando,
por la calle Rey Carlos alborotando,
los personajes carnavaleros
con su magia y su salero.

Será que vienen a lo lejos,
con sus plumas y lentejuelas
y con ese baile de caderas,
que nos deja boquiabiertos,
Don Carnal y la Cuaresma,
camino de su batalla,
que el primero ha de ganar,
para llenar de luz y poder cantar:
Carnaval, Carnaval, siete días, ¡nada más!

Detrás asoma la Mussona, con ruido de caracolas,
viene despacio, tranquila, para no asustar a la gente.

Vestida de magia llega ya la Musa,
a la Plaza de España se acerca
para hacernos cantar y bailar
todo el día, ¡y mucho más!

Miro hacia abajo y os veo,
aguileños, aguileñas,
todos con pañoletas de vuestras peñas.
Gracias a vosotros podemos gritar,
sin temor a equivocarnos,
que somos el mejor Carnaval,
el Carnaval Internacional que lleva a Águilas
a ser conocida y nombrada ¡má…

Sin título (V):... eran unos ojos que escuchaban, daban confianza y tranquilidad...

Unas finas arrugas se iban definiendo poco a poco en sus manos. Ella las miraba con frecuencia, eran su medio de trabajo, y le gustaba tenerlas bonitas. Siempre había pensado que ese momento en el que la tersa piel desapareciera de ellas nunca llegaría. Las había cuidado mucho, las mimaba constantemente como si de un pequeño bebé se tratara pero, indiscutiblemente, ese día había llegado para quedarse.
Sentada en la mesa de su despacho, permanecía quieta, concentrada en ellas, como tratando de averiguar cuándo su piel había pasado de ser suave y brillante a más áspera y arrugada. Suponía que la vanidad le había impedido ver cómo poco a poco la piel que las envolvía también había ido cumpliendo años y había ido adquiriendo ese aspecto de madurez que también su rostro presentaba. Sus dedos, largos y finos, tecleaban con firmeza cada una de las letras que le dictaba su cabeza sin titubear, sabían lo que tenían que hacer y lo hacían. La sombra solitaria de un anillo adornaba uno de sus ded…

El mes de diciembre es como un embudo...

Esta mañana, camino del trabajo, y ante la perspectiva de un día de esos de uffff, pensaba que el mes de diciembre es como un embudo, ¿no os parece? Conforme va avanzando nos da la sensación de que vamos metiendo la cabeza por ese estrecho rabito. Nos va faltando el aire, lo vemos casi todo de color gris, necesitamos coger impulso para avanzar y sólo tenemos una idea fija en la mente: “ya queda poco para que acabe el año”. Todo esto, para terminar tomando las uvas y celebrar que llega el nuevo año, momento en el que, de nuevo, empezamos a avanzar por el embudo pero, esta vez, por su parte más ancha, esa que nos deja ver el horizonte del tiempo de un color más agradable y bonito, no hay límites para hacer nada (claro, tenemos todo el año por delante), cualquier cosa es posible y nada nos parece que vaya a ir mal.  Aunque, en realidad, ¿qué cambia en nuestra vida al tomar las uvas el 31 de diciembre? ¿Hay algo que se solucione o mejore desde la noche fin de año a la mañana del 1 de enero…

Sin título (IV): ... este es, o debe ser, auténtico, real, precioso e inolvidable...

Dejó el teléfono sobre la mesa y se dejó caer en la silla que tenía a su lado. Pesadamente, como si el mundo entero le hubiera caído sobre los hombros. ¿Qué acababa de pasar? Algo se le escapaba, estaba segura de eso. Era imposible que aquellas cuatro palabras mal cruzadas hubieran desencadenado lo que vino a continuación. Un momento risas y, al siguiente, la más absoluta oscuridad.
Las lágrimas le surcaban el rostro entristecido mientras aún resonaban en su cabeza aquellas duras palabras, esa última frase que sería, quizá, la última que jamás volvieran a cruzar. Cuánta dureza y qué hondo dolor le había producido oírlas. ¿No sabía él que, por encima del deseo que sentía, estaban el cariño y la admiración que le producía? Era un sentimiento tierno, puro y real, no era una pose ni una excusa. Era cierto como la vida misma, era cierto como lo que ahora le apuñalaba el alma.
Pensó que tal vez era mejor así, dejar el futuro en cero expectativas o en cero posibilidades, aunque bien mirado ta…

Querido diario: ... cuando ya tenemos el vaso rebosante de agua, cuando el recipiente que guarda lo malo está a reventar...

Querido diario:
¿es más fácil escribir cuando se está triste, deprimido, cuando el peso del mundo te cae sobre los hombros hundiéndote hasta el suelo, o será más sencillo hacerlo cuando uno se siente bien, cuando estamos alegres, felices y vemos la vida de color rosa?
Me hacía esta pregunta hace unos días y la verdad es que no he sabido encontrar una respuesta que me satisfaga del todo. Supongo que, como proyecto de escritora, suelo escribir más cuando me encuentro de un modo en concreto que cuando estoy del otro, pero la verdad es que, incluso cuando me siento feliz, suelo escribir cosas generalmente tristes o, al menos, no suelen ser relatos en los que predomine la alegría. Al final, muere uno, muere el otro, o uno ya está muerto y el vivo recuerda el pasado… En fin, que no soy muy optimista escribiendo.
Sinceramente, y a raíz de esta pregunta que me surgió mientras leía un artículo de una escritora de fama mundial hace unos días, a la cual le ha pasado de todo, o casi de todo (neg…